La insoportable hueva de leer un libro

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El mundo está lleno de libros preciosos, que nadie lee.

Umberto Eco (en resumidas cuentas, un chingón en temas de comunicación, beibis)

Hace ya varios años que leí todos los libros de Harry Potter y me resultaron tan divertidos que me hice fan de la historia (les tengo que aclarar que no, no soy ningún nerd virgen), sin embargo no faltaban aquellos super críticos que me decían no leas esas mamadas, son para pendejos, entonces yo les preguntaba qué cosa sería buena para leer, ya no supieron responderme.

A pesar de que México fue cuna de grandes civilizaciones con aguileños perfiles y culturalmente muy avanzadas para aquellos tiempos, lamentablemente en la actualidad goza de tener uno de los promedios de lectura más pinches lamentables del mundo, el cual para este año es de CASI 4 libros por persona, que comparados con los 47 libros (sí, 47, cuatro, siete; cuatro decenas y siete unidades) que lee cada habitante de Finlandia al año, nos hacen quedar peor que cuando debes 5 abonos de las colchas de Star Wars de tu hijo.

Como siempre, debo aclarar que ya sé que varios de ustedes sí leen y les encanta, al igual que yo y no es bueno generalizar, pero somos una minoría de ávidos lectores y que por más que el gobierno se empeñe en hacer campañas utilizando a celebridades (muchos de ellos nada más terminaron la primaria) que invitan a leer aunque sea un pinche mínimo de 20 minutos al día, que autoridades se la pasen inaugurando bibliotecas en cuanto municipio sea posible, organizando ferias del libro, jornadas de descuentos, Librerías Gandhi haciendo campañas con las que todos ríen y estableciendo materias de lectura en las escuelas, el grueso de la población mexica está totalmente negada a leer algo que no sea la Revista H, la TV Notas o cualquier publicación sensacionalista o de sociales que se encuentre en el revistero de la estética de su colonia.

Simplemente, el mexicano no gusta de la lectura, no se acercan a una librería o biblioteca a menos que se trate de conseguir los libros que sus hijos necesitan para las materias de la escuela y de los cuales simplemente utilizan algunas páginas para resaltar con marcador y hacer un resumen y de ahí pasan a estar arrumbados en el closet del chamaco o en algún estante y eso que me estoy limitando a los habitantes de ciudades, ahora imaginen la situación en las miles de comunidades indígenas en este país, en donde si acaso el que aprendan el abecedario y a escribir lo más básico es ya el mayor logro y el acceder a fuentes de lectura es más lejano que el regreso de Quetzalcóatl.

En un afán por hacer un experimento social, convidé a una persona ya mayor a leer un libro, se lo estaba dando en la mano y con un gesto de negación me dijo no, yo no le hago a esa onda, acto seguido encendió su televisión y se puso a ver un programa tipo la Rosa de Guadalupe, yo me limité a pensar en mis más profundos adentros ¿qué veeeeeergaaaaaas le pasa a esta gente? (es que pensé en francés, ustedes entenderán).

Considero que mucho de esto se debe a que nuestra sociedad se ha vuelto dependiente del consumo masivo de contenidos televisivos, por abarcar un medio que cubra a la mayoría de la población (porque no leen nada, pero televisión no les falta), los cuales brillan por su dudosa calidad y dando por hecho que lo que está en la tv es la información suficiente para vivir la vida, el acercarse a fuentes como los libros son una pérdida de tiempo, algo aburrido, no comparen el ver a Ninel Conde bailando en bikini por 15 minutos a la aburrición de leer la novela de Anna Karenina en unas tristes hojas blancas con letra chiquita y sin monitos. Queremos todo “masticadito” (aunque sí me encantaría darle una masticada a Ninel Conde).

Para mí es un particular gusto el leer, si bien no soy una eminencia, puedo presumir de leer por arriba de la media nacional y que me gusta imaginar a los personajes, los escenarios y hasta las voces de los protagonistas cuando leo alguna novela o matarme el coco estudiando algún texto académico, me gusta agarrarme un libro cuando viajo en el urbano, mientras los otros pasajeros mi miran como bicho raro o se la pasan jugando Candy Crush en sus celulares y cada que veo a otra persona haciendo lo mismo que yo, recupero un poco de fe en la humanidad, los viajes se me hacen más rápidos, aprendo cosas nuevas, me divierto, se siente chingón.

Existen diversos factores, un deficiente sistema educativo (ya, crucifíquenme, maestros), que los mismos padres no les incentiven la lectura a sus hijos, pero hagan pachanga cada que juega la selección; a las niñas las ponen a ver las telenovelas con la mamá  la abuelita; que los adolescentes están más interesados en irse a echar desmadre a las fiestas propias de su edad y no hace actividades didácticas para no ser catalogados como pinches nerds, ratones de biblioteca (aunque déjenme decirles que la moda es ser intelectual y eso es sexy para las nenorras), para acabar pronto, a los chicos no se les está invitando a pensar.

De verdad es tan triste esta situación que es por eso que contamos con profesionistas, sí, titulados y toda la cosa que no agarran un libro ni por error (porque en la facultad se limitaron a sacar puras copias), escudándose en el pretexto de que no tienen tiempo o que “mejor se esperan a que salga la película” en donde se limitarán a leer los subtítulos, si es que no escogieron la versión totalmente doblada al español, para evitarse la hueva; o también que cargan con su Ipads todas chingonas y las usan para todo, tomar fotos, ver videos, bajar porno, pero no para descargar algún libro. Lo curioso es que son esos mismos que se burlan del Presidente que no supo mencionar tres libros que le marcaron la vida, México, ni cómo ayudarte.

Tenemos a un país que conoce a Belinda, Kim Kardashian, al Chicharito Hernández, pero que desconoce a García Márquez, Murakami y a Octavio Paz, que ganó el Nobel de literatura (a sus hijos explíquenle que es como ganar la Champions League de los libros, así entenderán más fácil).

Este asunto es preocupante, en serio y creo que por más campañas o planes para incentivar la lectura, la negación por leer libros ya se ha insertado en el ADN mexicano como una mutación muy difícil de erradicar, un factor que aunque suene mamonsísimo, puede afectar el desarrollo educativo y social del país. Espero que en un futuro la mayor parte de los mexicanos cuenten con un estante con un montón de libros que no nada más estén de adorno para cuando quieran tomarse una foto y parecer cultos; que esos libros hayan arrancado una sonrisa, incentivado un sueño o generado alguna reflexión en quien lo haya hojeado.

¿Mi consejo? Lean, lean todo lo que puedan, aunque sea las chingadas novelas de 50 sombras de Grey que tanto desprecio (bueno, lean todo, menos los libros de Yordi Rosado y Carlos Cuauhtémoc Sánchez, eso sí es mierda impresa), lean y conforme más lean irán puliendo sus gustos, la cuestión es que disfruten de la acción de leer, adentrarse en el texto, comprenderlo, despertar la imaginación, quedarse con algo, eso es lo chido de leer.

Sí usted llegó hasta este renglón, le felicito, sé que no soy el gran escritor, ni intento serlo, pero usted ya ha leído dos cuartillas de texto y después de lo que le he platicado, el hacerlo ya es motivo de hacer fiesta.

 

Hasta la próxima.

Mi Twitter: @eldoogie

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