La mujer que quería ser negra.

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El vaivén de sus caderas me enamora… Es algo que nunca escuchaba. Lo que no tenía de talento lo compensaba con trabajo, sin embargo, existen cosas que sencillamente no se pueden adquirir, se nace con ellas. ¿O no?

Su nombre es lo de menos, al igual que su oficio, su familia o su comida preferida. Lo que nos ocupa es su forma de ser, la determinación, la disciplina de monje shaolin, los cafés fríos que ama tomar.

Érase una vez en cierto rincón húmedo y pequeño de Xalapa, una criatura nacida en cuna de plata y caída en desgracia por una mala combinación de irresponsabilidad y amor desenfrenado. Los orígenes de su noble cuna son imposibles de ignorar pues emana un aura de pulcritud y buenos modales, opacados por su espíritu salvaje. Con sus grandes dotes para realizar casi cualquier tarea, desde pequeña encontró su mayor gozo en aquellas que eran más complicadas. Podría decirse que le gusta jugar a la vida en dificultad legendaria, cosa que hasta la fecha sigue haciendo sin temor alguno. Su indomable carácter la hace conseguir lo que desea sin importar el precio que deba pagar. Sus ojos felinos y su piel de alabastro le han permitido conquistar hasta por error.

¿Pero qué sucede cuando eso no es suficiente? nuestra belleza de marfil tenía puesta su mente en el máximo reto (de absurdidad): ser negra. ¿Por qué semejante criatura querría cambiar tan drásticamente?

Quería no sólo la piel, sino ese andar felino, esa fuerza sin comparación que ha creado imperios y derrocado líderes, el ritmo mismo de la tierra, la línea directa con la vida.

Uno siempre escucha que el pasto del vecino siempre es más verde. Uno quiere aquello que casualmente no puede tener, el eterno inalcanzable es aquello que más mueve al mundo, la necedad de la humanidad, podría decirse.

Una buena noche, después de cenar un delicioso platón de café de dos días (sí, ese que uno va juntando de poquitos que sobran en las tazas que se van quedando por ahí), se acostó a ver girar sus pensamientos poco a poco hasta quedarse dormida.

-Bienvenida a la Central de Redirección de vidas- se escuchó una voz en los parlantes.

-¿Qué sucede?

-Señorita por favor no nos haga perder el tiempo, que esto cuesta un dineral de los contribuyentes.

-Bueno disculpe, ¡yo qué voy a saber cómo funciona esto!- Exclamó algo confundida

-Se le ha concedido un permiso A-49/3, es decir, reasignación de cuerpo. Le sugiero que no lo desperdicie. En 682 años trabajando en esta oficina podrida nunca me había tocado ver un caso semejante.

-No entiendo qué sucede, ¿cómo que una reasignación de cuerpo? ¿acaso estoy muerta?

-Le ruego se tome un minuto para leer el folleto que encontrará en la entrada de la oficina, eso debería aclararlo todo. Y por favor, no se demore más.

Para este punto debemos poner un poco de contexto. Se encontraba en una oficina con apariencia de notaría pública de los 50s. Un gran sofá de imitación piel se hallaba en un extremo del cuarto, una ventanilla con marco de madera67 estaba al fondo, dividiendo en dos el espacio, piso de falso mármol, una tenue luz iluminaba todo, como de ocaso o tal vez de mañana con bruma. Un persistente aroma a cigarro con desodorante barato de pino llegaba a la nariz casi con molestia.

Junto a la puerta había una mesa grande de madera pesada que definitivamente había tenido mejores días, ahora se acentuaba en ella un uso bastante rudo, rayones por todas partes, algunas manchas de tina y un pequeño montón de folletos en una de sus esquinas. Tomó uno y con recelo leyó:

Bienvenido a la central de redirección de vidas.

Si usted se encuentra aquí deberá permanecer en silencio, mantenga la calma y en breve uno de nuestros asesores lo contactará para resolver su caso.

Eso era todo.

-¡Qué gran desperdicio de papel!- pensó. De inmediato regresó con la asesora, quien esbozaba una sonrisa cansada, como de alguien que ha tenido el mismo trabajo por unos 682 años, tres meses, una semana y un día.

-¿Ha entendido dónde se encuentra y la razón por la cual esta usted aquí, señorita?

-Eso creo.

-Muy bien, antes de proseguir, debe firmar los siguientes documentos en los cuales aclara que el trámite es bajo su responsabilidad, cualquier mal formación, retraso mental, colocación accidental de cuerpo, cambio de sexo, etc. No es culpa de la central de redirección de vidas y de ninguna manera usted puede hacer reclamos ni pedir devoluciones.

-Carajo! Hasta en este lugar se nota que estamos en México.

-señorita, por favor firme y no me haga perder más tiempo.

-Oiga perdón pero yo no quiero esto, yo sólo he soñado con ser negra, ¡no quiero dejar de ser yo!

-Lo siento mucho pero lo que usted está pidiendo es simplemente imposible. Hace unos años tuvimos un caso en la oficina del norte pero era lo opuesto, de negro a blanco y se concedió únicamente porque era un personaje bastante influyente y de gran agrado del jefe, creo que al final hasta nos dedicaron una canción.- En ese momento, el teléfono sonó con gran estruendo. Contestó con la desidia de quien sabe que le llama su jefe para reclamarle por algo que aún no ha hecho. Una vez que hubo colgado, se dirigió hacia ella con una expresión aún más perpleja.

-Señorita, no sé quién es usted ni qué propósito tiene en el mundo pero el jefe acaba de informar que se le concederá lo que pide. Buen día, ya sabe dónde está la puerta.

Mientras hacía por levantarse, sintió un fuerte golpe contra su hombro izquierdo, de inmediato su cara hacía contacto contra el frío del piso de su departamento, la ventana estaba abierta y la neblina entraba. Como pudo se levantó, cerró la ventana y regresó a la cama. Todo había sido un sueño -no más cenas a base de café viejo.-se dijo.

A la mañana siguiente mientras se bañaba para ir al trabajo vio en su tobillo una mancha de negra piel, otra en su rodilla izquierda y una más cerca de su seno favorito, cuando se secaba y cepillaba el el cabello, por aquí y por allá había pequeños brotes de una negra, rizada e incontrolable nueva cabellera.

Por esos días comenzó su glaucoma.

De inmediato comprendió que hasta los sueños cumplidos tienen precio.

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