La necesaria violencia

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Freud, Einstein y La necesaria violencia


Que diga que la violencia es necesaria no quiere decir que esté de acuerdo en que así sea; simplemente acoto un conocimiento que los etólogos acusan acerca de los procesos de vida en todos los animales, incluyéndonos a nosotros los humanos, algunos de los cuales abusan de su condición (de violentos, no de animales).Freud, Einstein y La necesaria violencia - xalapo.com

La violencia existe desde siempre, es intrínseca a la propia naturaleza animal; hay violencia en la sobrevivencia, violencia en la cacería de los depredadores, violencia para poder procrearse; y en los humanos, hay violencia para controlar el poder, violencia para sublevarse contra la dominación, violencia física y psicológica. Los científicos, en sus investigaciones sobre el comportamiento innato de los animales, han llegado a la conclusión de que el instinto agresivo tiene un carácter de supervivencia. Partiendo desde ese punto de vista, la agresión existente entre los animales no es negativa para la especie sino un instinto necesario para su existencia. Entre las manadas sobrevive el más apto —entendiéndose por más apto el más violento—, lo vemos en las peleas de los carneros, en la de los leones, en las declaratorias, más ruidosas que activas, de las aves, en las peleas de los caballos salvajes por el dominio de la manada y de sus hembras. Entre los gorilas, entre los tigres, hasta en los peces, y en gran parte de la vida animal la violencia es, casi podría decirse, la chispa de la vida.

La teoría evolucionista ha aportado el descubrimiento de que la naturaleza, en su constante lucha por la vida, no sólo refrenaba la expansión genética de las especies sino que, a través de esa lucha, sobrevivían los mejores y sucumbían los menos aptos. Solamente así puede explicarse el enfrentamiento habido entre especies y, ya hablando de humanos, entre grupos sociales. Todo lo disculpa la sobrevivencia, apenas el hombre entra en la historia, salvaje, impotente ante la naturaleza, y desarrolla los métodos más violentos para sobrevivir. Ataca en grupo, mata más de lo que se puede comer, arrasa con más naturaleza que la que puede procesar, y, en el ámbito de sus propias sociedades, la violencia toma carices cada vez más sutiles. La violencia por la sobrevivencia se disfraza entonces de muchas cosas: de conquista, de defensa, de religión, de revoluciones y de descubrimientos científicos. Y tan vasto y tan sofisticado es este disfraz, que hoy aceptamos que la violencia se ocupe para combatir a… la violencia.

“Una ojeada a la Historia de la Humanidad —dice Sigmund Freud—, nos muestra una serie ininterrumpida de conflictos entre una comunidad y otra u otras, entre conglomerados mayores o menores, entre ciudades, comarcas, tribus, pueblos, Estados; conflictos que casi invariablemente fueron decididos por el cotejo bélico de las respectivas fuerzas (…) Al principio, en la pequeña horda humana, la mayor fuerza muscular era la que decidía a quién debía pertenecer alguna cosa o la voluntad de qué debía llevarse a cabo. Al poco tiempo la fuerza muscular fue reforzada y sustituida por el empleo de herramientas: triunfó aquél que poseía las mejores armas o que sabía emplearlas con mayor habilidad. Con la adopción de las armas, la superioridad intelectual ya comienza a ocupar la plaza de la fuerza muscular bruta, pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: por el daño que se le inflige o por la aniquilación de sus fuerzas, una de las partes contendientes ha de ser obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición” (Freud, S., 1972, pp. 3.208-9).Violencia - Freud -Einstein - xalapo.com

¿Estamos condenados a la violencia entonces? Dos grandes pensadores de la humanidad, íconos del pensamiento científico moderno, Albert Einstein y el mismo Sigmund Freud, en un intercambio epistolar que tuvieron en la década de los treintas del siglo pasado, coincidieron en que sí. Freud escribió a Einstein: “Con todo, quisiera detenerme un instante más en nuestro instinto de destrucción, cuya popularidad de ningún modo corre pareja con su importancia. Sucede que mediante cierto despliegue de especulación, hemos llegado a concebir que este instinto obra en todo ser viviente, ocasionando la tendencia de llevarlo a su desintegración, de reducir la vida al estado de la materia inanimada. Merece, pues, en todo sentido la designación de instinto de muerte, mientras que los instintos eróticos representan las tendencias hacia la vida. El instinto de muerte se torna instinto de destrucción cuando, con la ayuda de órganos especiales, es dirigido hacia fuera, hacia los objetos. El ser viviente protege en cierta manera su propia vida destruyendo la vida ajena…”

Sin embargo, hasta las teorías más importantes en las vidas de estos dos sabios han sido rebatidas, corregidas o aumentadas, lo cual deja una luz de esperanza en cuanto a que la violencia, quizá sólo así, puede ser vencida con un espíritu humanitario de equidad. O no.

Alejandro Hernández y Hernández

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