La tonta supremacía del automóvil

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La tonta supremacía del automóvil


Mi ciudad, como casi todas las ciudades del mundo, se ha ido adaptando para ser un lugar para los automóviles y no para las personas. En un principio, en tiempos idos en donde malamente había burros y caballos para transportarse, las ciudades, nuestra Xalapa entre ellas, fueron hechas para ser caminadas; por eso existen callejones que empiezan midiendo ocho metros de ancho y terminan en uno y medio; por eso hay tantas calles estrechas, porque antes no hacía falta espacio para estacionar miles de armatostes de nueve metros cuadrados de superficie, si acaso una argolla pegada a la pared para amarrar un rucio cargado con dos perolas con agua.

Lamentablemente, sin que nadie se diera cuenta el automóvil empezó a enseñorearse de las ciudades y los gobernantes, pensando que pavimentarle las calles para que corriera libre y soberano era muestra de progreso y desarrollo, empezaron a tirar casas, a abrir callejones y a ampliar avenidas para que cupieran más de ellos y anduvieran más rápido. El peatón, entonces, fue relegado a segundo término, aún y cuando en los Reglamentos de Tránsito existe, como letra muerta, una máxima que dice: “El peatón es primero”. Y entonces se le prohíbo cruzar por media calle, se le obligó a subir puentes y se le conminó a esperar a que pasaran todos los autos primero para luego poder pasar él.

Y es que sucede que, en un alegato per se insostenible, los automovilistas insisten, para seguir conservando su hegemonía como amos y señores de las calles, que los peatones tienen obligaciones; cuando no sea la única de ellas la de la sobrevivencia básica, que es correr para no ser atropellados. Así que, insisten los puristas de las reglas peatonales, un peatón sólo debe cruzar por las esquinas, aun y cuando su destino inmediato sea la tienda que está a mitad de la cuadra nomás cruzando la calle; es decir, el peatón debe caminar hasta la esquina, atravesar el arroyo vial por el paso cebra y regresar la misma distancia que de ida para llegar al punto que tenía enfrente, mientras que el automovilista sólo tenía, para permitirle cruzar con seguridad, que pisar suavemente el pedal del freno de su auto, asistido, por cierto, por la fuerza de un sistema hidráulico. ¡No sea que se vaya a cansar el señor!

Lo mismo ocurre con los puentes peatonales, un caminante debe subir sobre un armatoste de casi cinco metros, esté reumático, discapacitado, con embarazo, anciano o enfermo, para permitir que los automovilistas corran felices y veloces en sus artefactos; el tiempo del que maneja un vehículo es, entonces, más importante que el del que va a píe. En este tenor se obliga al peatón a caminar más, y a subir y bajar escalones, y no se le exige al automovilista el extraordinario “esfuerzo” de mover su pie del pedal del acelerador y pasarlo al del freno.

Pero en fin, supongamos sin conceder, que los peatones que siempre han tenido que ceder ante los embates del automóvil —algunos de manera tan literal que hoy reposan en algún panteón—, aceptan que incluso se les multe por no usar los puentes o por no cruzar en las esquinas (a ese grado de ninguneo), ¿no deberían, entonces, los gobiernos darles la misma infraestructura que a los automovilistas? Es decir: calles sin obstáculos, parejitas y sin desniveles; sin casetas telefónicas, ni postes ni puestos callejeros, con pavimentos nuevos y en buen estado; sin coladeras abiertas ni registros rotos, sin autos subidos en las banquetas, sin anuncios publicitarios, sin estorbos pues, como las vías rápidas para los autos, incluso, ¿por qué no?, hasta con segundos pisos en algunos andadores muy transitados. Digo, sería lo justo.

Xalapa está “automovilizada”, por eso tenemos un caos vial tan tontamente enfrentado por nuestros alcaldes y autoridades de Tránsito y Vialidad, por ende no es una ciudad incluyente, y por eso mismo pasarán muchos años más para que se resuelva adecuadamente la movilidad urbana, sobre todo si quienes la administran se pasan meses y meses planeando sin poner en práctica lo que planean o, como quien dice, haciéndose como Tío Lolo.

 

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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Hernandumas
... Y como dijera Bertrand Russell: al contrario del esquema habitual me he hecho gradualmente más rebelde a medida que envejezco.