Lo que callamos los peatones (Tercera parte, creo, no sé)

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“El camión”

En ocasiones anteriores les comentaba algunos puntos de lo bueno y malo de andar caminando por todo Xalapa, que si es bueno para la salud, que así conoces mejor la ciudad, que si te agarra la lluvia tienes que esquivar el baño de los automovilistas y las calles anegadas. Pero ahora es turno de tocar un punto sensible, algo que todos conocemos, que todos hemos usado y por lo que hasta un “famosísimo” premio le dieron a cierto alcalde… El camión.

Ese medio de transporte tan usado, tan gastado, tan mal cuidado, pero que nos ayuda (a nosotros los proles) a llegar al trabajo, la casa, la plaza comercial o donde sea.

[dropcap size=dropcap]1[/dropcap] La lucha por un lugar

No soy tan viejita (ni tan joven) pero recuerdo todavía aquellos tiempos en los que los hombres le cedían el asiento a las mujeres, ojo, no sólo a las embarazadas o a las de la tercera edad. Era cuestión de respeto y apoyo a la fémina, hoy ya no es igual, ahora las mujeres les damos el asiento a otras mujeres, porque claro nunca falta el muchachito que se hace el dormido o el que trae sus audífonos bien puestos y se hace el loco para seguir cómodamente sentado.

[dropcap size=dropcap]2[/dropcap] El compañero de camino incómodo

A los que usamos el camión de manera regular nos ha pasado que habiendo tantos lugares desocupados alguna persona sin consciencia de lo que hace va y se sienta a tu lado, peor aún, se convierte en un compañero o compañera de camino incómodo. Ya sea que sus proporciones corporales rebasen el espacio e invada parte de tu lugar estampándote contra la ventana, tenga poco sentido de la higiene personal o lleve cargando a un niño chillón y gritón. El viaje se hace eterno…y es casi imposible escapar. ¿Qué tal cuando sin querer (o a propósito, no sé) la pierna del de junto roza con la tuya? Eso es incomodidad y no tonterías.

[dropcap size=dropcap]3[/dropcap] La música ambiental

Pocas, muy pocas veces he tenido la suerte que el conductor tenga un gusto exquisito y tenga la acertada decisión de poner música clásica, Led Zepellin, Jason Mraz, vaya, incluso hasta salsa o reggae. Por lo general traen la ya conocida “chunchaca”, reggaeton y esas cosas del demonio que además a todo volumen ni se entiende y genera dolor de cabeza.

[dropcap size=dropcap]4[/dropcap] El “no tengo cambio”

Si llevas el dinero exacto para pagar tu traslado ya la hiciste, pero si entregas al amable conductor un billete de denominación “grande” digamos de 200 pesos, el chofer con cara de pocos amigos te dice: “no tengo cambio” o “le doy el cambio cuando se baje”, si recuerdas bien, si no ya tuvo unos pesitos más él al final del día y unos pesitos menos tú.

[dropcap size=dropcap]5[/dropcap] ¡Bajan!

¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano? Viene la pregunta a mi mente y retumba en la cabeza varias veces cada vez que surge esta escena:

Toque el timbre.
Toque el timbre.

Un señor o señora, le pregunta al amable y bien peinado conductor:

– “¿Me puedo bajar aquí?”

-“Sí pero rápido, que no vea el de tránsito”, responde el chofer.

Punto menos para los dos ciudadanos.  ¿A qué clase de ciudad o metrópoli podemos aspirar si el pasajero no es capaz de respetar las paradas plenamente ubicadas y el chofer no pone orden, sube y baja a los usuarios a media calle incluso hasta en el segundo carril?

Pero claro, sólo las autoridades son las corruptas y mal hechas…

 

[dropcap size=dropcap]6[/dropcap] De asientos y sueños rotos

Hay cientos de fotografías en Facebook, Twitter, mi cámara y mi celular chafa, sobre los asientos rotos, los camiones con recados de los novios, frases ñeras, escobas y trapeadores que suelen a bien acomodar los choferes, y otras cosas que de plano no entiendo cómo llegamos a ese punto en el que tienes que elegir a consciencia el asiento “menos peor” para acomodarte.

Segura estoy de que gran responsabilidad tenemos como usuarios. No cuidar las cosas por nosotros y por los demás a la larga tiene su costo.

 


ANÉCDOTA

Hace casi tres semanas tuve la suerte, la dicha, vaya pues, la atinada oportunidad de subirme a un autobús cuyo chofer olía a puro Calvin Klein One, (no es que me acercara mucho al joven, es que al subir al autobús luego-luego se percibía), cuál fue mi sorpresa que tras acomodarme en el asiento, empiezo a escuchar jazz, si mis estimados lectores, fue jazz, déjenme decirles que no me quería bajar, casi quería felicitar al conductor y agradecerle tan espléndido viaje, pero no lo hice, por pena o qué se yo.

La próxima vez que se suban a un autobús procuren saludar al chofer, dar los buenos días, las buenas tardes, decir gracias al bajar, también saludar al que va junto a nosotros sentamos, la educación nunca está demás y si vamos juntos en un viaje, por corto que sea, hagámoslo placentero, disfrutemos las cosas simples, disfrutemos usar “El camión”.

PD: Si les gustó compartan… sino también.

No sean gachos, síganme: @susanacórdova

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