Lucia Berlin, el secreto de la literatura norteamericana

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Lucia Berlin

el secreto de la literatura norteamericana

Por: Adriana Castillo


[dropcap size=dropcap]E[/dropcap]xiste en la cuentística norteamericana una mujer cuya producción literaria ha sido comparada, por los críticos de literatura, con Hemingway y Carver y que también ha sido incluida en la lista de los grandes cuentistas norteamericanos como Fitzgerald, Capote, Munro o Davis.

Su nombre es Lucia Berlin (1936-2004), escritora poco mencionada o reconocida que obtiene un merecido lugar en las letras universales cuando en 2015 se publica una antología de sus mejores relatos titulada Manual para las mujeres de la limpieza, publicada por la editorial Farrar Straus and Giroux y traducida al español por Eugenia Vázquez Nacarino, bajo el sello de  Alfaguara; obra que apenas llegó a las librerías en Estados Unidos, se agotó de manera inmediata y obtuvo comentarios excelentes en todas las críticas que se le hicieron, así como los primeros lugares en las listas de los libros del año de las principales revistas y suplementos literarios de Estados Unidos.

lucia berlin - xalapo.comLucia Berlin vivió en Estados Unidos, Chile y México, fue una mujer alcohólica, que se casó tres veces y tuvo cuatro hijos, trabajó arduamente para sacarlos adelante y al final de su vida se convirtió en profesora de la Universidad de Colorado. Sus visitas a nuestro país fueron constantes, incluso uno de sus relatos tiene como paisaje principal el puerto de Veracruz, además habla también de su experiencia con el español en muchas de sus líneas y sus narradores son casi siempre voces femeninas que son niñas o mujeres hechas y derechas.

Berlin tiene 77 historias que aparecieron en diversos suplementos y revistas, así como en 5 libros publicados, entre 1981 y 2004, por sellos editoriales menores, estas narraciones pertenecen a la corriente literaria, que surge en Francia, denominada “autoficción”,  que es una mezcla de biografía y ficción.

Siempre vamos a encontrar sus relatos anclados en un mundo tangible, real, construido con imágenes palpables. Sus narraciones producen esta sensación que debe atravesarnos cuando recibimos una fuerte descarga eléctrica, pues son literalmente electrizantes.

Ella decía de su obra lo siguiente: “Exagero mucho y a menudo mezclo la realidad con la ficción pero nunca miento.” Y por supuesto que en aras de dotar a su literatura de equilibrio y color esparcía ficción en lo que creía prudente para dar forma a los detalles y sucesos que narraba con extrema exageración, con magnificencia.

Inventaba, pero no mentía; cuenta uno de sus editores que un día le comentó que le gustaba mucho la escena donde describía cómo una de sus tías la había ido a buscar al aeropuerto a lo que ella respondió “Nadie vino a buscarme aquel día… Es algo que se me ocurrió de repente y lo ajusté para este relato”.

Su vida fue intensa, y esa vida agitada es la que le da tela de donde cortar para construir sus relatos, sus experiencias son suficientes para tener múltiples vidas y así logra expresarlas en sus líneas ya que podemos oler el sudor de los personajes,   el humo y polvo de las calles, su mirada abarca lo cotidiano de forma contundente. En sus historias realmente suceden cosas y es por eso que no podemos dejar de leerla, no podemos separarnos de ellas porque logran hacernos olvidar nuestra propia cotidianeidad para sumergirnos en la de sus personajes.

Ella les decía a sus alumnos que las historias debían de ser reales y con reales se refería a que debían tener pulso, corazón, salir de adentro, contagiarnos del dolor que produce la verdad pero transformándola.

Creo que existen muchas razones para leerla, pero la principal sería hacerlo sólo por el sacudón que provoca acercarnos a sus cuentos y saborear cada una de sus palabras.

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