El común lugar común

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Lugar común - xalapo.com

Cómo vivir en Xalapa


La verdadera elocuencia

consiste en no decir más

de lo que es preciso.

François de la Rochefoucauld

Mi ciudad está llena de snobs, gente presuntuosa que usa una verborrea dizque intelectual para expresarse, pero que muchas de las veces no sabe ni qué significa. Esa palabrería, por cierto, de tanto ser repetida se torna común, tanto así que, válgaseme la redundancia, se llama: lugar común. Todos recurrimos, al menos una vez al día, al lugar común; todos decimos frases hechas —de hecho “frase hecha” es una frase hecha—, es intrínseco al ser humano y yo creo que surge de la doméstica y cotidiana necesidad de economizar saliva. Es decir, uno puede desperdiciarla en decirle a un subalterno: “Aguerrido colaborador, es menester que vayas ya a trabajar duramente, para granjearte los emolumentos que te permitan comprar comida”, lo cual se oye muy apantallador, pero, además de necesitar de una retórica muy densa, no es tan contundente como si uno le dijera: “¡Órale cabrón, ya, a chingarle pa´ la papa!”

Como con los medicamentos genéricos, que son “lo miso pero más barato”, las frases hechas expresan una idea amplia en pocas palabras. Que son chocantes, sí; que empobrecen el idioma, sí; que todo mundo las dice, sí, pero que son verdades contundentes nadie lo puede negar. Y no me refiero a barrabasadas como aquella, que de tan lógica hasta ofende la inteligencia y que dice: “el que tenga marranitos que los amarre y el que no, no”, sino a aquellas que tienen un trasfondo casi científico en su contexto. Pongamos por caso esa “máxima” que viene impresa en los empaques de comida chatarra: “Coma frutas y verduras”. Es un lugar común no sólo de la publicidad sino también del ámbito médico, y su peso científico radica en que hasta los fabricantes de comida chatarra saben que nadie, ni un adolescente en plena metamorfosis púber, sobreviviría comiendo nomás sus porquerías envasadas.

Entendamos entonces algo, a los lugares comunes hay que buscarles la sabiduría entre líneas, hay que analizarlos en su contexto no sólo literal sino histórico y anecdótico. Uno oye “…y venía hecho la mocha” y entiende que lo que sea que haya venido lo hacía extraordinariamente rápido, pero, ¿qué demonios —iba a poner “qué madres”, pero me arrepentí— es “la mocha”? He ahí donde entra la historia. En épocas pasadas lo más rápido que uno podía ver corriendo por la faz de la tierra era un tren, sin embargo, cuando éste tiraba de una gran cantidad de vagones por fuerza lo hacía lento; en cambio, cuando la locomotora iba sola, mocha pues, iba más rápido, o sea, “hecha la mocha”. ¿Lo vieron? El lugar común puede ser hasta interesante.

El lugar común, a fuerza de repetirse y usarse, se convierte en sentencia: “cría cuervos y te sacarán los ojos” —yo hubiera dicho “cría cuervos y tendrás cuervitos”—; se transforma en proverbio: “Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña” —y si de “puro churro” la montaña viene, corre porque de seguro es un derrumbe—; o se vuelve un refrán: “Árbol que nace torcido nunca su rama endereza” —o no sirve pa´ hacer columpio—; o se adopta como un modismo: “Andaba a medios chiles” —o sea “hasta las manitas”, hasta las chanclas”, “pedísimo” pues—, o torna en una frase para presumir de culto: “Habemus papa”, y que sirve pa´ todo: “Habemus alcalde”, “Habemus presidente” y, ¿por qué no?, “Habemus flor más bella del ejido”.

Hay lugares comunes cuyo contexto histórico es muy lejano a nosotros y que sin embargo han logrado sobrevivir al paso del tiempo. Ahí tenemos eso de “echar la casa por la ventana”, cuyo origen se remonta a la España del siglo XIX y que se decía cuando alguien, que se sacaba el premio mayor de la Lotería Nacional Española, tiraba todas sus pertenencias viejas por la ventana, es decir: “echaba su casa por la ventana”. Otra que todo mundo dice: “a la tercera va la vencida”; el origen está en el ejército romano de Julio César, el cual en su infantería de ataque ponía en la primera fila a los soldados más pobres y peor armados, en la segunda a otros medianamente mejor armados que los primeros, y en la tercera a los más aguerridos y mejor armados, en un combate la primera fila caía fácil, la segunda menos fácil, pero cumplían, ambas, con el objetivo de cansar al enemigo, ahí era cuando entraba la tercera y vencía, o sea: “a la tercera va la vencida”.

Claro queda entonces que el lugar común no es un recurso tan inculto como se cree, esto, desde luego, si uno se preocupa en investigar qué significan las palabras y frases que utiliza para comunicarse. Aunque no todos han de tener, habrá que admitirlo también, orígenes tan nobles, pues yo por más que se los busco no se los encuentro a ese, tan socorrido, lugar común que reza: “Ahorita vengo, voy a tirar la nutria al río.”

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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