Me da vergüenza ser economista…

Donde se habla de mentes brillantes, de los griegos y de Soñadores locos.

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Me da vergüenza ser economista…

Donde se habla de mentes brillantes, de los griegos y de Soñadores locos.


 No recordaba desde hace tiempo que el tema de los economistas como tal se pusiera de moda y fuese tan popularmente comentado como en las semanas anteriores. Hace ya varios años sucedió algo similar durante aquel boom de los llamados “tecnócratas”  y particularmente con Pedro Aspe , secretario de Hacienda del salinato, que  gracias a su maestría para marear al público surgió el mito y la sentencia de que los economistas lo explicaban todo con gráficas.

Desde hace unas semanas los economistas vienen dando algunas notas que llaman la atención.  Un par de meses  atrás por ejemplo,  varios intelectuales y articulistas  comentaron un estudio publicado por la revista “ The Journal of economics perspective” acerca de “La arrogante y fraudulenta superioridad de los economistas”.

Economistas
Economistas

Básicamente el estudio muestra con datos duros que la asociación de estos hombrecillos a la inteligencia, la erudición y la genialidad es prácticamente una falacia; en principio porque no pudieron anticipar  la crisis financiera de la década anterior y hasta nuestros días no han dado una explicación lo suficientemente sólida para alcanzar consenso alrededor del fenómeno.

En segundo lugar, el estudio también demuestra que durante la década anterior los economistas se la han pasado citándose mutuamente, es decir, que los economistas solo leen a economistas y prácticamente la interdisciplinariedad no existe para ellos;  usted podrá sacar sus propias conclusiones al respecto, como que los economistas no saben nada de sociología, antropología, filosofía, política, etc. y ya no nos pongamos exquisitos porque, si les preguntásemos acerca de literatura, cine o teatro, nos daríamos cuenta de que están en la calle de la amargura.

Al mismo tiempo el estudio contrapone estos resultados con otras encuestas donde los economistas aseguran que su ciencia es la más completa y no mostraron respuestas favorables ante conceptos interdisciplinarios,  lo cual únicamente confirma la arrogancia del gremio… y a mi que tanto me emocionaba aquella frase con la que lo reciben a uno en las escuelas de economía, “un economista no puede saberlo todo, pero tampoco puede ignorar nada”.

Posteriormente sobrevino la muerte del famoso John Nash, matemático de origen pero adoptado por el gremio de los economistas nada más por el simple hecho de haber dado un giro y  renovar 200 años de pensamiento económico.  Lo lamentable del asunto, incluso mayor a la muerte del propio Nash, fue que en los TT de todo mundo se hablaba y se hacía referencia a  “A beautiful mind”,  una película ridícula y ramplona con todos los clichés hollywoodenses posibles, basta con ver la escena final para darse cuenta de las intenciones aleccionadoras y los burdos recursos con los que cuenta la película para provocar la identificación del público con el personaje, el cual más parece un pastor dando su sermón en domingo que un genio de las matemáticas y renovador de la teoría económica al cual nadie quería escuchar.

En ninguna nota se mencionó ni por asomo palabras como “equilibrio de Nash”, “teoría de juegos” o “sistemas cooperativos”, conceptos sencillos en su generalidad y que, sin necesidad de volverse expertos en el tema, podrían despertar nuestra curiosidad o incluso aportarnos ideas en las cuales nunca hubiésemos reparado.

John Nash
John Nash

Pero qué se podía esperar pregúntome yo, si aun recuerdo que en mis clases en la máxima casa de estudios un post doctor en economía quería explicarnos la teoría de juegos y los modelos de competencia tomando estas películas ( “Una mente maravillosa” y “Un buen año” ) como libros de texto y fuente de todo conocimiento. Bien dicen que la mejor manera de aniquilar a un héroe es construirle una estatua o ponerle su nombre a una calle, para el caso de los genios aplica hacerles una película.

Más recientemente y acaso la nota más afortunada la ha dado el gran  Yanis Varoufakis , este economista griego que ha sido el centro de atención en todo el mundo por la sencilla razón y primera responsabilidad de todo economista, de hablar con claridad.

Independientemente de la tragedia griega la cual posiblemente apenas comencemos a ser testigos, el lenguaje del ex ministro de finanzas de Grecia ha cimbrado a toda Europa y es digno de seguirle la pista y ponerle mucha atención ahora desde sus artículos.

Uno tiende casi automáticamente a relacionar a Grecia con Occidente pero lo que muchas veces se desconoce es que la sociedad griega tiene acaso una mayor influencia de las culturas orientales , donde una declaración como la de Varoufakis  de “prefiero  cortarme el brazo antes de firmar ese acuerdo para nuestro país” tiene una connotación de absoluta firmeza en contextos donde acciones como cortar las manos y los brazos están destinadas a los ladrones.

Yanis Varoufakis
Yanis Varoufakis

Para los que alguna vez pasamos por las aulas de una escuela de economía nos es inevitable hacer ejercicios comparativos; pienso en Varoufakis y en el Secretario de Hacienda Mexicano que, a diferencia del académico griego, nos ha llevado de regreso al tiempo del “ esto no está bien ni mal , sino todo lo contrario”, la verborrea y el cantinfleo como ocultamiento de verdades evidentes.

 

Pero a veces hablar de lo que pasa al otro lado del mundo nos parece lejano y esa idea me lleva a pensar entonces en la escuela de economía veracruzana y en el hecho de que sus egresados sean los principales protagonistas de los más grandes escándalos de corrupción y robo en el Estado.

Aclarando
Aclarando

Pienso en esa facultad de Xalapa que en sus orígenes se nutrió del talento y las teorías del estructuralismo latinoamericano, el cual brindaba un andamiaje teórico que permitía explicar las crisis de las sociedades latinoamericanas al mismo tiempo que confrontaba al estudiante con una realidad ineludible; conceptos que en estos días los aspirantes a economistas de esa facultad no tendrán ni la mínima idea de lo que esto refiere como resultado de la modernización de los sistemas de enseñanza de la ciencia económica.

De modo que lo que hoy podemos encontrar como producto de la escuela veracruzana de economía son por un lado rebaños enteros de economistas pseudo financieros encaminados a engrosar y abaratar las nominas de los bancos, y por el otro las peores camarillas de bandidos sin ningún tipo de código de ética profesional o social; lo peor de todo esto es que cuando se revisan estos casos, se puede dar cuenta de que son los economistas más jóvenes quienes se ven envueltos en estas dinámicas de corrupción de gran escala; son bien conocidos puesto que hace algunos años todavía rondaban los pasillos de la universidad, una lástima que en Veracruz la sangre nueva en muchos casos es peor que la vieja.

La corrupción no respeta ni grupo ni clase social, los hay de todos los tipos, unos porque vinieron desde los estratos más bajos  y se volvieron locos al estar en ciertos puestos estratégicos y otros porque siempre han pertenecido a clases más acomodadas y creen que las instituciones son simplemente una extensión de sus dominios, en ambos casos el punto es  despacharse con la cuchara grande.

Yanis Varoufakis
Yanis Varoufakis

Y es aquí donde me pregunto ¿de qué sirvió tanto estudio, tanto prestigio de la carrera, los postgrados en el extranjero, etc? si es un hecho que la figura del economista como agente de cambio, como visionario o como estadista no existe más en Veracruz.

Varoufakis dio clases de economía en las universidades de Sydney, Atenas,  Austin Texas  y desde el Ministerio de Finanzas Griego dio clases de ética, seguro el sistema se encargará de destruirlo y de forzar sus contradicciones.

Cito nuevamente sus palabras el día que renunció al ministerio de finanzas:  “La Eurozona es un lugar inhóspito para la gente decente; llevo con orgullo el desprecio de los acreedores” , ¿será tan difícil encontrar en Veracruz economistas de esta clase? Entre denuncias, maletines llenos de billetes, campañas políticas y demás felonías a veces me da penita llamarme economista.

 

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