Mi génesis

Carta a mamá

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Mi génesis

Carta a mamá


Una vez comencé por existir: un día, de pronto, fui en ti. Todos los relojes marcaron la hora en la que el tiempo habría de comenzar para mí, mi principio y con ello mi finitud. Tu cuerpo me acogió cálido y yo, imperceptible, me enraicé y en silencio tomé forma. No sé cuánto tiempo habría pasado desde el primer instante de vida hasta el día en que por fin habría de revelarme, pero notaste mi presencia y entonces también existí para ti.

Ilustración de Agnieszka Szuba

No puedo imaginar tu dolor o alegría, ni tu angustia o gozo. No me atrevo a indagar siquiera en las impresiones que guardas en tu alma desde entonces. No soy capaz de reconstruir ese momento que seguramente permanece intacto en tu memoria. No puedo hablar por ti ni de lo que desconozco, pero tengo una certeza: permitiste que las condiciones fueran favorables dentro tuyo. Habité tu seno, fuimos inseparables y cada día se convirtió en una promesa de amor que se cumplió cuando nací.

Deseo que lo primero que hayan visto mis ojos haya sido tu rostro. Tu rostro que es hermoso porque el amor lo embellece. Cuántas esperanzas habrías depositado en mí que tu compromiso fue inquebrantable; asumiste la responsabilidad de cuidar un ser humano intacto, de velar por su cuerpo y también por su mente. Fuiste alimento, de ti sólo amamanté miel y, de la misma manera, cada una de tus palabras me nutrieron. Tus palabras que aún son arrullo como lo fue el latido de tu corazón cuando el mío apenas se formaba.

Eres merecedora de tan grande título porque tu palabra ha cobrado sentido en los actos, y el primero de tantos fue dar a luz. Umbral mío, por ti conocí todo el bien y luego por mi cuenta conocí el mal, aun entonces resplandeciste en mi oscuridad. Eres espléndida y tu entrega ha sido mi cobijo.

Y luego de muchas vicisitudes y sinsentidos, comprendo que fui parte del milagro de la vida cuando me concebiste. Y yo encarné el milagro de la vida cuando concebí. Contemplo a mi hija y ahora lo entiendo todo:

Eres madre porque me aceptaste hija. Mamá, eres la primera persona que amé y la primera persona en amarme después de Dios.

Siempre gracias, mamá.


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