Neblina en mayo

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Neblina - xalapo.com

Antes de comenzar a leer recomiendo que abran el siguiente link:

https://youtu.be/D63ADiZ70Qc

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La mañana perezosa se levanta, en algunas ventanas más que en otras. Los correctores de estilo, los lingüistas aun no dan señales de vida, mientras don Isidro pone a hervir el agua para su café descafeinado un pajarillo se posa en su hombro deseándole una rápida muerte. Don Isidro no entiende, sólo escucha el canto de aquella ave.

Los Lagos majestuosos y pestilentes a la vez emanan vapores propios del alba. Una pareja de corredores en ajustados pantalones dan su sexta vuelta, han mejorado desde la quinta, parece ser que sus músculos y sistema respiratorio han alcanzado un equilibrio óptimo.

Ernesto toca escalas en el piano de su cuñada. Es muy posible que haya bebido demasiado la noche anterior, pero como mala hierba nunca muere sigue con sol bemol. Al terminar su ciclo y un poco de Bach para poner los dedos en forma quizás salga por un frugal desayuno en las picadas asesinas.

Las lechugas, contrario a la opinión pública, no amanecen frescas. Son más bien un horrible recordatorio del paso del tiempo en los cuerpos físicos. Conforme vaya avanzando el día se arreglarán, para mediodía tendrán la buena cara que nos gusta tanto devorar en ensalada con alguna vinagreta sobrevalorada.

Es mayo, Xalapa estalla en un conjuro de colores, polen, esporas y demás agentes alérgenos. Cielos azules ponen fondo a los días. El tráfico alegra las calles, que se sienten menos usadas y más queridas, como si todos los carros se pusieran de acuerdo para darle un gran abrazo a modo de agradecimiento. Los conductores puede que no estén de acuerdo. El aroma a café perfuma el centro, Primo Verdad, Enríquez, Xalapeños ilustres se convierten en hervidero para el grano bendito.

En algún rincón de la USBI los cuidadores observan una joven hacer estiramientos, la joven los observa mientras estira, y por un momento no se siente cuidada en lo absoluto. Los parias hermanos centroamericanos despiertan del sueño que se han ganado a pulso, otro amargo día de su tortuosa peregrinación a la Meca de las oportunidades.

La carretera vieja a Coatepec se prepara para lidiar con el gusano de automóviles que transportan a los señoritos y señoritas que forjaran nuestros destinos y los de las generaciones venideras. La vegetación adyacente se mantiene expectante, con cierto desgano reconoce el nuevo día.

En el parque de los Berros la gente corre, corre hacia el estadio xalapeño, que según cuentan las leyendas abre temprano para los que cultivan sus cuerpos cual cebollas. Pero fuera de broma, el ejercicio es parte vital para llegar a viejos.

Alguien más despierta y recuerda que debe escribirle a sus inútiles que, para variar, no hicieron nada la noche anterior.

Este es un cuento de nunca acabar, pero para poder seguir leyendo y “creciendo” es necesario dejar de escribir. Tal vez en algún momento encuentre una forma más correcta de escribir o al fin desista y, sea cual fuere mi decisión, le habré hecho un favor al mundo.

Hay que lavar los platos que dejamos remojando y tirar las bolsas de té usadas y abandonadas en el fondo de la tetera. Y tener tetera es de abuelas, de hipsters o de los afortunados que deciden ignorar lo anterior y seguir construyendo sus vidas una tetera a la vez.

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