Obviando lo obvio

0
88
Brooke Shields - xalapo.com

La ley formulada por Newton y que recibe el nombre de ley de la gravitación universal, que yo conocí y estudié por vez primera en la secundaria, afirma que la fuerza de atracción que experimentan dos cuerpos dotados de masa es directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa (ley de la inversa del cuadrado de la distancia). En palabras un tanto más pedestres significa que todo lo que se cae en la tierra, de a fuercitas se cae para abajo. Esto que parece tan obvio, ya explicado como está en los primeros renglones revolucionó la física moderna, y dice la leyenda que Isaac Newton lo dedujo porque le cayó una manzana en la cabeza. Cuando yo se lo platiqué a mi padre, un hombre práctico que se hizo rico sin haber pasado por escuela alguna, se sorprendió de que algo tan obvio estuviera en un libro y que, además, la gente perdiera el tiempo enseñándolo y aprendiéndolo en las escuelas. Todo mundo sabe que las cosas se caen nomás pa´ abajo.  —Me dijo, y se me quedó viendo con unos ojos de “creo que estamos malgastando el tiempo mandándote a la escuela”.

Desde entonces he pensado que lo que parece obvio para algunos no lo es tanto para otros y que, esa diferencia de apreciaciones, es motivo de risa para los segundos y de desdicha para los primeros.

Pongamos por caso el de aquel que, habiendo recibido algún dinero, se le ocurre poner un negocio de raspados de sabores; no en un carretón con barra de hielo tapada con un trapo percudido y saborizantes de dudosa higiene en un cajón, sino un local, con mesas, sillas, luces de neón, jarabes pasteurizados y una maquinita para triturar el hielo; ah, y una franquicia carísima que incluye una botarga de un duende cachetón. Todo mundo, al saber lo que vale la franquicia, le dice que es obvio que jamás recuperará la inversión, y que mientras los raspaderos de carretón existan nadie irá a su local. Él no hace caso, quiebra al segundo mes y como perene recuerdo de su efímero paso por la iniciativa privada, arrumba en un rincón de su cochera la maquinita de moler el hielo y la botarga de Raspadín, el duende del sabor. Como otro ejemplo serviría muy bien un amigo loco que tuve en mis mocedades, conocido como el Chueco, el cual en la secundaria aseguraba que se podía bajar por toda la calle de Lucio hasta llegar a la Plaza Lerdo en una bicicleta “Vagabundo” sin agarrar el manubrio. Ya resultaría obvio explicar que no lo logró y por qué le decían el Chueco.

Esto pasa todo el tiempo en la vida doméstica, por llamarle de alguna forma, pero como ya vimos con el teorema de Newton, los científicos parecen encaprichados en hacer ver lo obvio como algo muy difícil de creer. “Sesudos estudios, practicados en cientos de conejos, comprueban que el champú en los ojos causa irritación y ceguera”: dirá algún pretencioso artículo en alguna revistilla dizque científica. Si me hubieran preguntado a mí, cuando aún tenía pelo y usaba champú, algunos de esos pobres roedores todavía trabajarían con algún mago. Esta cultura de la obviedad científica ha permeado a la sociedad y ha contaminado a los galanes pseudo intelectuales, los cuales nunca faltan en los cafés o en los antros y que, para intentar ligarse a alguna chica, dicen cosas como: “¿Sabías que ese café —o vino, cuba, refresco, etcétera— que te estás tomando, según recientes investigaciones, es dañino para tu organismo?” ¡Pero por supuesto que tiene que ser dañino! Si ya lo decían las abuelas, lo que es rico es inmoral, mata o engorda, ¿pero qué necesidad hay de andar amargándole la existencia con tanta sabiduría a la gente?

Y en eso de la obviedad, los artistas, los políticos —en grado superlativo—, y los que inventan los refranes populares, son especialistas. He aquí unas frases para la posteridad.

“La crisis, ni nos beneficia ni nos perjudica sino todo lo contrario.” Luis Echeverría Álvarez. “El que tenga marranitos que los amarre y el que no, no.” Refrán popular. “No hay rosas sin espinas ni pescados sin espinas.” Paulina Rubio. “¿Dónde se celebra este año el Festival de Cannes?” Christina Aguilera. “Creo que el matrimonio heterosexual es algo que debería darse entre un hombre y una mujer.” Arnold Schwarzenegger. “No es la contaminación la que está dañando el medio ambiente. Son las impurezas que hay en nuestro aire y en nuestra agua las que lo están haciendo.” Pamela Anderson. “Fumar mata. Si mueres, pierdes una parte muy importante de tu vida.” Brooke Shields.

Y ya para terminar una que no tiene progenitora: “No viviría para siempre, porque no deberíamos vivir para siempre, porque si debiéramos vivir para siempre, viviríamos para siempre, pero no podemos vivir para siempre, por lo que no viviré para siempre.” Una Miss Alabama en algún Miss América, explicando lo que haría si fuera inmortal; casi igual de embrollada con lo que parece obvio y no lo es como aquella que dijo: “Confucio fue el que inventó la confusión.”

 

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

Comentarios

comentarios