¿Para qué sirve un tope?

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Cómo vivir en Xalapa


Mi ciudad está llena de topes, mismos que la gente cree que son muy útiles, pero que si le hiciéramos la cuenta de lo que valen y eso mismo lo invirtiéramos en educación vial nos iría mejor.

Un día, cuando era un imberbe adolescente, viajábamos en auto, no recuerdo si  mi papá o un tío, y yo (cualquiera de los dos, malhumorado), el caso es que al ir pasando por una calle que tenía un tope colosal, y casi al mismo tiempo que estábamos encima de él, se me ocurrió preguntar lo mismo que da título a este artículo – ¿Para qué sirve un tope?

El que iba manejando (que ya dije que iba de mal humor) me volteó a ver con una cara de, “¿cómo que para qué?”, cosa que lo distrajo en el momento, trascendental, de reducir la velocidad y cambiar a primera, lo que provocó que el auto diera de lleno con el mojonzote de cemento y se oyera un ruido que, hasta entonces, no pensé que pudiera brotar de un auto. Luego, por supuesto, vino la respuesta a mi pregunta: ¡Pues para darles en la madre a los coches! ¡Qué no ves!

Esta anécdota se ha contado innumerables veces, desde entonces, en las reuniones sociales de mi familia; y siempre, usualmente después del cuarto tequila, empieza así: (Caras sarcásticas) – ¿Te acuerdas compadre cuando éste te preguntó que para qué servían los topes y le diste en la madre a la suspensión del Galaxie?

Luego, invariablemente, se continúa con esta otra frase: –Sí compadre, qué ocurrencias de cabrón ¿Verdad?

Y de ahí, a la ignominia o a buscar una frase inteligente que me reste, sólo por esa reunión, responsabilidad en la descompostura del mentado Galaxie.

Si bien esto es algo que como a Echeverría, ni me afecta ni me beneficia, sino todo lo contrario, sí me da pie para abordar el tema de los topes. Empecemos por el principio. Un tope es un obstáculo, más o menos fácil de pasar, puesto a modo en las calles o avenidas para obligar a bajar la velocidad a los automovilistas (si al que yo le pregunté, me hubiera dado esta explicación, yo me hubiera ahorrado muchas vergüenzas y él la reparación de su auto).

¿Y son necesarios?, ¿por qué sólo existen en nuestro país?, ¿quién los pone?, ¿por qué son tan altos?, ¿quién regula su aplicación?, ¿por qué nunca vemos cuando los colocan?tope - xalapo.com

La respuesta a estos enigmas inasibles sería otra pregunta, más insondable aún que las primeras: ¿Pues quién sabe?

Debido a nuestra poca cultura vial y cívica, en donde el que importa es el que va en auto y no el que camina, los topes se hacen un mal necesario. Y digo mal, porque sirven (como ya hemos visto) para descomponer los autos de las suspensiones; inducen a que, al pasarlos, se hagan cambios de velocidad y aceleración acrecentando la contaminación; aumentan el desgaste en llantas, amortiguadores y frenos; provocan en los conductores lesiones en la espalda, hombros y cuello; y constituyen un peligro para otros vehículos, como motocicletas y bicicletas. Y necesarios, porque si no estuvieran, los automovilistas pasarían como pasan por donde no hay, es decir: hechos la chingada de duro.

Y bueno, aceptando que se tengan que poner, amparados por los argumentos que sean, lo que no se explica uno es cómo de repente surgen tantos. ¿Por qué es lo primero que aparece cuando pavimentan una calle?, ¿por qué se colocan tan cercanos unos de otros?, pero sobre todo (esto es genial) ¡¿Por qué demonios los ponen en las subidas?!

Cuando pienso en cualquiera de estos ejemplos, inmediatamente viene a mi mente la escena de una junta de vecinos, pletórica de señoras con delantales percudidos, diciendo (con el gesto propio de doña Sara García en “Cuando los hijos se van”): Y aparte de la pavimentación, hay que pedir que pongan topes para que no nos vayan a atropellar a los chamacos cuando anden de vagos en la calle.

Ejemplos de topes monumentales les podría dar muchísimos, pero cada uno de ustedes tendrá su preferido –o aborrecido− con los cuales se podría, incluso, organizar un concurso al que podríamos poner cualquiera de estos nombres: “El tope del año”, El tope… son”, “El tope más tope”, “El tope asesino”, “El tope…sote” o cualquier otro título que se nos ocurriera. Y buscándoles el lado bueno, hasta didácticos podrían ser, pues servirían para enseñar historia  de México −en un pasaje histórico al menos− pues como el legendario General Anaya, cualquier vecino de las calles, en donde los muchachos desadaptados jugaran “arrancones” con sus autos, les podría amonestar con estas palabras −Si hubiese topes, no estarían ustedes aquí.

 

Alejandro Hernández Hdez.

Comentarios o sugerencias: motardxal@gmail.com

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