Periplo ruletero

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Yo soy, el macalacachimba
-Dámaso Pérez Prado.

Aquí en Xalapa, es por demás que necesitas tener un vehículo para poderte mover de un lugar a otro, ya hemos platicado del desmadre de tráfico que vivimos y sufrimos en la capital, sin embargo es bueno ahondar en el que más abunda, en el que se ha convertido en el colesterol de las arterías de la capirucha de los veracruzanos, sí, los taxis.

Y es por demás, el simple hecho de subirte a una unidad es un juego de ruleta, ya que la variedad de situaciones que llegan a suceder, pueden llevarte de la alegría al llanto, igual de rápido que una mujer durante su periodo.

Imaginen que se encuentran en una situación en que es necesario llegar a un lugar, después de un ratote de estar como pendejo parado en la calle, a tal grado de que ya te llegan a preguntar en cuánto cobras la hora, por fin detienes un taxi, se para delante de ti, no terminas de acercarte cuando te lanza la pregunta ¿para dónde va?, respondes de manera por demás propia y te sale con la mamada uy no, ahorita no voy para allá y sin dar mayor explicación, se arranca vuelto la chingada. ¿Qué madres pasa? ¿no se supone que los taxis van a donde uno les diga? chingada madre, si les voy a pagar, no a pedirles un favor y eso es muy común que suceda.

Otra es que ya abordas la unidad, la cual viene más tapizada de calcomanías que mi lonchera del kínder y adentro viene adornada con más luces de neón que putero de mala muerte y conducido por un cuate con cara de haber salido del bote antier, respondiendo el Whatsapp al mismo tiempo que esquiva coches, motos, niños, señoras, perros y lo que se le ponga enfrente, como si estuviera jugando Grand Theft Auto, al llegar a tu destino ya habrás terminado de rezar todo el rosario con tal de no haberte partido la madre, aunque sí, me ha tocado estar en uno que otro percance ocasionado por la imprudencia.

En otros casos, me ha tocado subirme con mi familia y que todos tengamos que ocupar el asiento trasero, porque resulta que el chofer trae enfrente a su nalguita y tenemos que ir escuchando toda su romántica y cachonda plática en el trayecto. Y si de galanes hablamos, pues no falta aquel que, inspirado en la rola de Arjona, lleva de pasaje a una chica y empieza a chulearla e intentar sacarle el teléfono, o aquellos que le pitan a toda chica que ven en la banqueta, con afán de lucirse, a lo cual lanzo la pregunta ¿alguna vez alguna damita lectora ha tenido sexo con algún taxista que le ha pitado en la calle? Neta, amigos taxistas, eso no sucederá nunca.

También no falta el taxi rockola, en donde podemos ir disfrutando desde el chofer de la vieja guardia, con rolas de tríos, baladas y cosas románticas, hasta hip-hop pesado, pasando por la mejor discografía de música norteña y cumbias, las cuales parece que fueron concebidas para ser tocadas en taxis, todo esto en altos decibeles, cual vil perifoneo de pueblo.

Por si fuera poco, hemos de sufrir los abusos en cuanto al cobro, me ha sucedido el tener que hacer discusión en cuanto a la cantidad a pagar una vez llegado a mi destino, motivo por el cual les recomiendo preguntar antes de abordar, porque hay cabrones que te ven cara de turista y  te quieren cobrar como si te hubieran servido un desayuno continental durante el trayecto. Aquí es en donde también surge mi encabronamiento, ya que no sé el motivo por el cual los taxis de noche cobran más que los servicios de día, siendo que a esas horas las calles están más desocupadas.

Ahora bien, en últimas fechas, en el DF han surgido manifestaciones de taxistas, quejándose por la introducción de UBER, el cual es un servicio de chofer privado (ojo, no es taxi), al cual contratas vía una aplicación de teléfono inteligente y realizas el pago de forma previa con tarjeta de crédito o débito, en donde te recogen en una unidad muy cómoda y limpia, con un chofer amable y prudente, que si quieres le haces plática o le puedes pedir música y ha sido un éxito, no sólo en México, sino en muchas partes del mundo. Los taxistas se quejan de que este servicio les está bajando la clientela y como buenos mexicanos, se dedican más a armar un desmadre que el brindar una solución, como, no sé, mejorar su puto servicio, capacitarlos, no dejar que cualquier cabrón con pinta de Daddy Yankee que apenas y si alcanza los pedales pueda manejar un taxi de manera peligrosa por las calles, arriesgando al pasaje y a los peatones.

Debo admitir que no generalizo, si existen buenos servicios todavía, pero el problema, como siempre, es que como sociedad no sabemos exigir, si vamos a pagar un servicio, que el servicio sea de la mejor calidad posible, como ya mencioné, los taxistas no nos hacen un favor, se les paga por realizar un servicio y si este servicio no nos satisface, pues muy fácil, unidades sobran, el pedo es poder agarrar una en horas pico.

Hasta la próxima.

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Mi Twitter: @eldoogie

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