El placer de la lectura

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LA DANZA DE LOS LIBROS


Soy de las personas que se encuentra totalmente convencida de que leer no nos vuelve mejores seres humanos,  pero sí nos ofrece la oportunidad de conocer y explorar historias con las que podemos o no sentirnos identificados. Durante mucho tiempo he tratado de transmitir a todo el que se cruza en mi camino esa pasión por la lectura, porque soy una convencida de que leer es uno de los mejores placeres que podemos otorgarnos.

He trabajado con bebés, niños, jóvenes y adultos en el fomento a la lectura y espero que mi paso corto por su vida les haya dejado algún interés por acercarse a los libros, con uno o dos que lo hagan, me doy por bien servida.

Justo esa es mi intención cuando hago este ejercicio cada semana, lograr que alguno de los que me lee se interese por mis recomendaciones y en algún rato libre se acerque a uno de esos libros o a algún tipo de lectura, eso es indistinto.

Por eso hoy, quiero compartir un escrito que llegó a mis manos y me sorprendió gratamente, espero que al leer disfruten como lo hice yo cuando lo leí por primera vez.  Su autora es una chica joven, no llega a los 15, se llama Marcela y me atrevo a compartirla con ustedes porque me pareció una buena historia, ojalá les guste y si no, pues cuando menos ya leyeron por un rato…

Todo sucedió tan rápido

El cuerpo de Millennia se paralizó durante unos segundos y poco después un grito desgarrador rompió todo el silencio que gobernaba las calles de Nueva York.

Un terrible ardor se hizo presente en todo su pecho y no tardó mucho en recorrer todo su cuerpo.

Las piernas comenzaron a temblarle, se estaba volviendo débil, no podría mantenerse de pie mucho más.

Se dejó caer en el pavimento de rodillas; una energía nunca antes sentida se extendió a lo largo de su columna vertebral, torso y brazos hasta llegar a la punta de sus dedos.

Lo que parecían ser luces moradas y rojas comenzaron a desprenderse de ella, en ese mismo instante cualquier persona habría jurado que su cuerpo estaba encendido en llamas, pero la realidad era que su alma estaba en su mayor punto de ebullición y no tardaría mucho en explotar, arrasaría con cualquier cosa y persona que estuviese cerca de ella, pero la rubia no parecía darse cuenta de ello.

Llevó sus manos a su tórax, y mantuvo su mirada en el frente. Le atemorizaba el ver que sucedía realmente, pero era necesario confirmar que nada era un producto de su imaginación.

Un pequeño sollozo fue acompañado de un par de lágrimas cuando la joven mutante fue capaz de bajar el rostro para examinar el daño producido por la bala de aquel francotirador.

Lo único que logró ver fue rojo. Rojo escarlata que había quedado impregnado en su ropa y palmas.

Poco a poco aquellas llamas que su cuerpo había soltado como un último recurso por defenderse, comenzaban a extinguirse, al igual que su fuerza.

El peso de su cuerpo fue demasiado y no le fue posible soportarlo ni un segundo más. En señal de derrota se desplomó sobre el asfalto. El frío no le interesaba, su alma se había ido ya de su cuerpo, todo afán que tuviese para mantener su vida, no iba a importar más.

Extendió ambos brazos a sus costados y admiró por última vez, antes de ceder a la muerte, la inmensa oscuridad que se alzaba sobre ella.

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