¡Quéjate carajo!

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¡Quéjate carajo!

La Cafetóloga.


 

Si alguno de ustedes queridos lectores ha hecho dieta al menos una vez en su vida, sabrá entonces esa sensación de abstinencia a los placeres de la vida que representan la comida dónde tal parece que cada día de dieta se estrena un puesto de gorditas de chicharrón una cuadra más cerca de su casa.

Llevo 4 meses de abstinencia, 4 meses de desintoxicación que Dios me libre sea por alimentos. No es abstinencia de alcohol precisamente aunque bien me han prohibido las bebidas etílicas por los medicamentos y de lo sexual bueno ya mejor ni hablamos.

Llevo 4 meses de abstinencia inversa, les explico pues  no tiene nada que ver con un rollo de atragantarme de comida, bebida o algún otro gusto no menos culposo para lo cual, por cierto, no ocupo más de una día antes de empacharme (eso de llegar a cierta edad…).

Llevo 4 meses de ser tan absurdamente honesta como sea posible. En el camino llevo la maravillosa cuenta de -2 amigos, -3 posibles amores (posiblemente me los andaba comiendo de nuevo) y de innumerables posibilidades de haber recibido un estornudo o salivazo en mi comida.

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Hace no mucho, en uno de mis tantos personajes en esta vida, tuve que regresar a la docencia (básicamente porque con algo debo de pagar las deudas, que no son pocas) y me di a la tarea de investigar sobre los temas a tratar. Resulta que el universo  insiste en que viva en todos los niveles posibles el tópico de servicio al cliente.

He sido vendedora, hostess, asesora, operadora de telemarketing (si a esas que les mientan su madre por chingar de madrugada con los pagos vencidos de Coppel) y muchas figuras más que tienen la bonita labor de atender al público, al mercado, al cliente.

Y este texto, señores, señoras, jóvenes, quimeras y demonios que me leen es para ustedes en su papel de cliente.

Hace 4 meses, después de casi morirme (y esto no es broma, me les andaba petateando pero eso es otro chisme que luego les cuento) descubrí que nunca me quejé demasiado. Suena mamón, lo sé, pero piénsenlo tantito, ¿cuántas veces han querido quejarse por una mala cara, una mala comida, una mesa sin limpiar o de expectativas no cumplidas?, ¿cuántas veces no lo dejamos sólo en un intento de queja, un mal review en Facebook o en una mala recomendación en una reunión godín cuando se deciden a dónde ir a echar el drink?.

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Aquí pueden pasar dos cosas, (1) o somos demasiado compasivos con el empleado; ya que es cierto que en nuestra ciudad y algunas otras partes de la república no se tiene una cultura verdadera sobre la capacitación y buen trato al personal, por lo que tememos por el futuro laboral y económico del individuo o (2) de plano nos da miedo que nuestra comida traiga una sorpresa de la cual nunca nos enteremos y acabemos con una santa infección que se lleve nuestra vida por un hoyito y que ni el Pepto-Bismol nos pueda salvar.

Quejarse no es malo, no cuando hay un motivo. Tenemos mucho por cambiar en nuestra calidad de cliente. Nos jactamos de saber de comida, de los mejores tacos, de las mejores pizzas, de conocer cada restaurante de comida de especialidad o puesto de gorditas de la ciudad pero jamás nos hemos reconocido como maestros quejumbrosos.

quejas facebook - xalapo.comYa sea por temor a la crítica (lo cual es una ironía considerando que la queja es precisamente eso, una crítica) o por mero desinterés en el prójimo y ayudarlo a mejorar, nos abstenemos de emitir nuestra opinión real, no nos quejamos y en definitiva y con muchísima menos frecuencia sugerimos.

Este texto, de hasta esta línea 613 palabras, es una invitación a que dejen salir a su yo quejumbroso. Nadie es adivino (Ni Mhoni Vidente y mira que cuando la engañó el novio no supo ni que pedo), ayudémonos entre todos.

El empresario, restaurantero, chef, barman o lo que sea JAMÁS va a saber que tiene que hacer si no se lo decimos, salgamos de ese círculo vicioso de quejarse en silencio, de quejarse únicamente desde nuestras redes pero fingir una sonrisa cuando tenemos a los responsables de un mal rato o un mal trato frente a nosotros. Aprendamos a confrontar las cosas que no nos gustan, sí apoyémonos en nuestras redes pero entendamos también que, no tenemos derecho a quejarnos protegidos tras una pantalla o teclado, si no hacemos nada para promover un cambio en lo que es evidentemente un mal servicio.

  • Hazlo propositivamente.
  • Hazlo por ayudar al otro a mejorar.
  • Hazlo de manera constructiva.
  • HAZLO porque es lo correcto.

Mientras yo seguiré quejándome porque, así como aparecen más puestos gorditas de chicharrón cada que no pueden comer por la dieta, ahora que he decidido no guardarme nada cada día veo y vivo más irregularidades en el negocio promedio. Me abstendré de guardarme mis comentarios, de quejarme sin proponer una solución, me abstendré de dar la media vuelta y lamentar que me traten mal. Me niego a ser como ese novio cerrado que evita decir lo que está mal en la relación, que NUNCA comunica nada, nunca hay quejas y un día de pronto explota para escuchar de su pareja ¿Por qué no dijiste nada?… no sean ese novio, vayan y cuando estén a punto de claudicar, recuérdenme a mi diciéndoles al oído: ¡QUÉJATE CARAJO!.

Por

Amada Rivera – Marketing & Stand Up
Twitter: @SoyAmadaRivera

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