Reglamentando el tránsito, ¿o la recaudación?

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Mi ciudad, y todas las ciudades de Veracruz para acabar pronto con la introducción, habrán de ver cómo, pronto, un nuevo Reglamento de Tránsito entrará en vigor. En éste, corregido y aumentado, compendio de normas legales que regularán el transitar de vehículos y personas por las calles y caminos veracruzanos, se han modificado los criterios económicos para cobrar las multas a quien no cumpla con lo que en él se establece. Las modificaciones, entonces, pareciera que se han hecho más con el fin de aumentar la recaudación que con la intención de hacer más ordenado y equitativo el uso del espacio público. Porque a la par de las modificaciones legales no se han anunciado campañas de educación vial, ni mejoras en la infraestructura urbana, ni una adecuada disposición de la señalética vial, ni mucho menos un aumento en el número de policías viales mejor preparados y sin proclividad a la corrupción, por ejemplo.

En ese tenor una falta que antes equivalía a una multa de cien pesos, en el nuevo Reglamento se cotiza en dos mil, o más, esto sin que medie antes una reconvención de tipo educativo o que fomente la  cultura vial entre la población, lo cual lo convierte en un instrumento para que, ante el quebranto manifiesto de las finanzas públicas, el gobierno de Veracruz pueda hacerse de recursos, mismos que, como siempre ha ocurrido con las multas de tránsito y vialidad, no son devueltos a la población como obras o mejoras en la infraestructura urbana, entiéndase: mejores vialidades y mejores banquetas.

Si bien es cierto que en las grandes ciudades del estado, entre ellas, por supuesto, Xalapa, urge tomar medidas drásticas para detener el (permítaseme la palabra) valemadrismo ciudadano, que ha convertido nuestras calles en una jungla en  donde prevalece la ley del más gandalla, también es verdad que multas mayores no generarán el efecto coercitivo que tanto se pregona que traerá este Reglamento entre la ciudadanía, sino que alentarán una mayor corrupción entre los agentes viales al momento de imponer las sanciones.

Eso está más que comprobado, y para ilustrar esto que expongo comentaré lo que ocurrió en el vecino estado de Puebla hace unos años. Llegó el momento en que era tal la corrupción de los agentes viales, y tantos los años que llevaban ejerciéndola, que lo único que pudo hacer la nueva administración estatal que recién tomaba las riendas de ese estado para acabar con ella, y con los agentes corruptos, fue declarar todas las multas como de cortesía. En unos meses el noventa por ciento de los agentes viales había renunciado porque, y lo decían voz en cuello, ya no era “negocio” seguir ahí.

La aplicación del nuevo Reglamento de Tránsito de Veracruz, para que este no se vuelva un instrumento de corrupción, ni para que, como hemos visto antes con asuntos como las grúas concesionadas en Xalapa o los parquímetros en otras ciudades del estado, unos cuantos se llenen los bolsillos de dinero mal habido, debe venir aparejada de una fuerte y bien planeada estrategia de educación vial; de la mejora sustancial y cualitativa de la infraestructura urbana, tanto como para la circulación de vehículos automotores, pero principalmente para los peatones y los transportes alternativos como bicicletas y motocicletas; de una verdadera y profunda reestructuración del transporte público de pasajeros, factor fundamental para mejorar las condiciones de movilidad urbana en cualquier parte y que ha sido ignorado de manera apática e irresponsable, tanto por el Gobierno del Estado como por los gobiernos municipales; de una aplicación lineal de los recursos recabados por infracciones al Reglamento de Tránsito, es decir, que éstos se apliquen para obra pública y mejoramiento de la infraestructura urbana según el lugar en donde sean recabados y que, por supuesto, esto se haga con transparencia y mediante mecanismos no discrecionales como es que se acostumbra, mismos que han convertido a la Dirección de Tránsito y Transporte en la caja chica del gobernador en turno.

Mucho se habrá de hablar y de discutir, aún, del nuevo Reglamento de Tránsito antes de que éste comience a aplicarse, sin embargo, así como los ciudadanos tenemos el derecho de inconformarnos por las disposiciones injustas y leoninas que en él se han plasmado, también debemos, con responsabilidad, de cambiar nuestro concepto, tan pobre y acomodaticio, de lo que es la cultura vial y el respeto a las disposiciones que regulan el tránsito por carreteras, caminos y ciudades.

 

Alejandro Hernández Hdez.

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