Sociedad en descomposición

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Cómo vivir en Xalapa

Mi ciudad, como todas las del país, sufre la inseguridad producto de los embates incontenibles de una criminalidad cada vez más cínica, cada vez más impune y, por desgracia, cada vez más rutinaria.

A veces pareciera que la inteligencia, elemento esencial en nuestro periplo evolutivo, y los valores humanísticos surgidos de ella, están perdiendo la batalla ante la barbarie. Es como si la humanidad estuviera retrocediendo en su historia y que, lejos de alcanzar un mundo ideal en donde se pudiera vivir en un mundo, si no feliz cuando menos seguro para el desarrollo laboral e intelectual, está navegando hacia el caos.

Se dice que la falta de oportunidades en las clases marginadas es el semillero de la delincuencia, sin embargo, en los estratos sociales altos el asunto no es menos terrible.

En estos días la sociedad veracruzana atestigua el devenir de un caso en donde ni el dinero ni la educación (porque los protagonistas asisten a la escuela), han sido elementos disuasivos para que se cometan delitos de lesa humanidad, me refiero al tristemente conocido como, caso de los Porkys, un grupo de jóvenes, hijos de familias pudientes del Puerto de Veracruz, quienes violaron y golpearon a una menor de edad; antes, según se sabe, la habrían secuestrado a la salida de un antro.

Es decir, si en las clases sociales bajas las condiciones de pobreza orillan a los jóvenes a delinquir, ya sea robando o uniéndose a bandas del crimen organizado, en los estratos más altos de la sociedad los jóvenes se vuelven criminales por gusto o aburrimiento. Si hay dinero malo, si no lo hay, también.

Esto no nos habla más que de una descomposición social que, si no hacemos algo pronto, nos arrastrará a la más vil de las decadencias y, sin duda, ocasionará que el futuro de la raza humana, en la más alta de sus acepciones, como sociedad inteligente y justa (en donde atentar contra el prójimo, contra sus creencias o contra su integridad física, es impensable) sea incierto.

La violencia, eje rector de la descomposición social que estamos viviendo, debe ser erradicada, pero para ello debemos identificarla, pues ésta fluye libre en nuestro diario acontecer; está tanto en las cosas más domésticas, como el lenguaje cotidiano, el modo en que nos interrelacionamos en el seno familiar y la convivencia diaria en la calle, como en el lenguaje político, en el discurso gubernamental y en la interrelación entre los pueblos y las naciones. La violencia, lo decían en un intercambio epistolar, Freud y Einstein, es intrínseca al ser humano, sin embargo la inteligencia también, por lo que debemos apelar a ésta última para vencer a la primera.

Cada quien debe poner su parte de humanidad, cada uno habrá de asumir su responsabilidad en lo que le corresponde; de no hacerlo cada uno de nosotros, en lo mucho o poco que deje de hacer, seremos culpables de nuestra propia destrucción.

El suicidio de la raza humana, del ideal de ella, por supuesto, se está gestando desde hace mucho tiempo, pero es en estos tiempos en que la pistola está en nuestra sien ya, de nuestras acciones futuras dependerá si la bala se dispara o no.

 

Alejandro Hernández y Hernández

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