Soluciones mágicas

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Catemaco - xalapo.com

Catemaco: Soluciones mágicas

Cómo vivir en Xalapa

“La ciencia es el gran antídoto para el veneno del entusiasmo y de la superstición.”.

Adam Smith

Mi ciudad, como todos los pueblos “mágicos” de Veracruz, y de México, cabe ampliar el dato, verá cómo este primer viernes de marzo sus habitantes comprarán su veladora roja o algún amuleto que les atraiga suerte y bienestar. La magia, sin embargo, es algo demasiado subjetivo como para regirse por ella, creo yo.

La primera vez que yo presencié un acto de “magia” tenía cinco años; el “mago” era un primo que, con sus dedos índice, medio y cordial, hacía un juego de predigitación jugando a “cambiar” el índice y el cordial de lugar. En el borde de una mesa daba un golpecito y doblaba uno u otro haciendo parecer que éstos “brincaban” de un lado a otro del dedo medio. No pude inmediatamente entender cómo lo hacía, pero luego de que mi primo se fue y de dos horas de golpes en la mesa logré comprenderlo. Ahí descubrí que no todo lo que parece magia es mágico.

Existe en nosotros los mexicanos una tendencia cuasi genética a creer en la magia, tendencia que el primer viernes de marzo se pone de manifiesto con toda clase de sortilegios, “limpias”, ofrecimientos y ceremonias extrañas. Una encuesta, realizada por el CONACYT y el INEGI, nos ubica como lo que siempre hemos creído que somos, un país con un pensamiento mágico, en el cual, casi el 84 por ciento confiamos más en la fe que en la ciencia.

Esto, si bien por un lado es parte de una idiosincrasia atractiva para muchos, por el otro es un factor que nos predispone a buscar la solución de nuestros problemas en donde no está. En determinado momento alguien podría decirme: ¿Y qué de malo tiene que la gente crea en la magia? Pues no, no sería malo si sólo fuera parte de un folclore inocuo, lo terrible estriba en que este tipo de pensamientos son inmovilizadores y, además, desalentadores, pues si el 58 por ciento de los mexicanos cree que los científicos son peligrosos, estamos cerrándole la puerta al progreso científico.

Pero, ¿será, acaso, que nos gusta que nos engañen porque es más fácil echarle la culpa de lo que nos pasa a la suerte que a nuestra falta de compromiso por aprender ciencia? La psicología del engaño ejerce tanta fascinación en la mayoría de nosotros porque casi todos decimos unas dos mentiras importantes cada día, porque una tercera parte de las conversaciones contiene alguna forma de engaño y porque cuatro de cada cinco embustes no son descubiertos. No es extraño que todo el mundo haya sido engañado alguna vez. Algunos investigadores sugieren que en las relaciones de larga duración ni siquiera podemos discernir cuándo nuestras parejas no están siendo sinceras y que los padres se dejan engañar muy fácilmente por sus hijos.

Pongamos, como ejemplo de un pensamiento mágico muy arraigado, a la astrología. Probablemente ninguna creencia ha superado mejor la prueba del paso del tiempo que esta práctica. Millones de personas leen a diario sus horóscopos, o bien pagan a astrólogos para que les hagan su carta astral, les hagan un análisis de su temperamento o realicen una predicción sobre su vida futura en función de los astros. ¿Significa esto que la astrología funciona? ¡Pues no es cierto! Tras una investigación para determinar las similitudes entre las personalidades de mellizos idénticos según la astrología, el científico británico Geoffrey Dean llegó a la conclusión de que no. Sin embargo, las personas que se interesan por la astrología —y por la brujería, la cartomancia, etcétera— no solo se sienten impresionadas con la exactitud de lo que describen sus cartas astrales, sino que las consideran válidas. Esto se debe, según las conclusiones científicas, a dos factores: al “Efecto Forer” o de validación subjetiva y al “Efecto Halagador”. Aunque yo agregaría un tercero: el factor “Me gusta que me agarren de buey”. El primero presupone que la gente tiende a aceptar descripciones personales vagas y generales como aplicables a ellos mismos sin darse cuenta de que esta descripción podría asociarse a cualquiera. El segundo tiene que ver con que la mayoría de las personas son proclives a creer cualquier cosa que las describa de manera positiva; y el tercero a que en lugar de ponerse a trabajar, estudiar, levantarse temprano, etcétera, la gente prefiere creer que le va mal porque tiene mala suerte. Estos efectos explicarían por qué la mitad de la población acepta la magia.

Este viernes compre su veladora roja, pásese un huevo por todo el cuerpo —si le da la piel—, límpiese con hierbas, o tírese al sol como lagartija al amanecer si quiere, pero luego váyase a trabajar como si fuera el último día de su vida, le aseguro que no sólo le irá muy bien, le irá requetebién.

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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