Sueño Godínez – parte 1

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Oda al Godínez

Godínez, hambre de mundo

prisionero gris en vida

carcelero de tus ideas.

El mundo te pasa

los días se funden

tu esencia se desgasta;

las aves de la creatividad

eluden tu mente.

Los días todos lo mismo,

la vuelta al día en ochenta mundos.

Fuiste, eres y serás,

eterno otoño que nunca muere

ni te deja vivir.

Como Cortázar hablara en su momento: a veces fama, a veces cronopio. Los godínez califican en una nueva raza, forjada en lo más artificial del sistema plástico. Su ambiente propicio para su existir: espacios cerrados, luces neón, aire acondicionado, escritorios, material de oficina. Cómodamente cuidados en corrales-cubículo, a veces solos, a veces en pares, pero siempre en aparente manada. Sus  tareas usualmente adormecedoras y monótonas, al igual que su vestimenta. Vástagos del sistema, engendros de las copiadoras y de las rutinas.

Como queriendo pagar sus deudas van cada fin de semana a diversos locales de entretenimiento, como buscando saciar su hambre y su sed consumen música, shows, bebidas para el alma (y para el cuerpo). El mejor disfraz del godínez es la individualidad expresada en pequeños objetos que hallamos en sus escritorios, en la prenda que no se muestra al ojo flojo pero que si buscamos con cuidado veremos.

Sus sanos hábitos alimenticios: los recesos para tacos de canasta, los coffee breaks, los almuerzos en la esquina con un pambazo en mano y un atole o una coca en la otra, los tamales bien temprano, las chelas al cumplir la condena jornada laboral, el pulque, las pausas para fumar. Y por supuesto, están aquellos que se cuidan un poco más, los que llevan cantimplora al trabajo, ensaladas para el almuerzo, colaciones de nueces y frutos secos, los que van temprano a yoga o saliendo del trabajo, los que practican triatlón, squash o pambol.

Pero la cultura Godínez no se detiene ahí, es tan rica y a veces tan atractiva que uno no puede evitar sentirse medianamente seducido. Imagine ud o siéntase orgulloso (en caso de pertenecer a esta noble estirpe), tener un starbucks para empezar el día, uno para bajarse la comida, uno para evitar el sopor de la tarde, uno nomás porque sí o porque no fueron suficientes los anteriores. Imagine ud los sándwiches de máquina dispensadora, las papitas, las maruchan, las incontables tazas de “café” de oficina. Imagine tener chismes frescos cada día, intercambio de ideas bobas en los recesos, chistes rancios, fotos del perrito, del gatito, del hijito, cajetillas y cajetillas de cigarros, videos de gatos.

Anhelar la llegada del fin de semana para hacer ese viaje, para visitar a los padres en casa, para dormir hasta tarde, para lo que se le dé la gana es a veces uno de los motivos que los mantiene vivos.

Mi respeto y admiración para todos los godínez que día a día van dejando un pedacito de alma marchitar a cambio de seguridad social, un sueldo cómodo (la mayor parte de las veces), la esperanza de poder ahorrar lo suficiente algún día y partir a cumplir el sueño de juventud, el que nos dejaron los padres, los amigos, o el que va uno inventando a diario.

Pero mi más grande admiración y honor es para los godínez que disfrutan serlo, ellos y ellas cuya pasión es la noble labor de la oficina. Para todos un fuerte abrazo y los agradecimientos que se merecen, en especial a los que me inspiraron a compartir mis ideas, aquellos que probablemente no vayan a poder leerme por alguna lista interminable de correos que tienen por mandar (a nombre de su jefe, claro está!)

Pepe Pecas

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