Sueño Godínez – Parte 2

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Patricio Godínez se despierta a las 5:59 sin falta, el despertador lo tiene por pura costumbre, y la costumbre es tal que le gana por un minuto para no tener que escuchar sus alaridos. Vive en alguna colina colonia perdida de Xalapa. Las cuatro paredes que lo guardan del mundo existen sobre la azotea de Doña Toñita, una señora que oportunamente vio el crecimiento estudiantil/trabajaduril y decidió “echar losa” y sobre ella construir poco más de 20 cuartos que nombra en el diario local: hermosos y prácticos mini departamentos. En uno de estos hermosos mini departamentos es que vive Pato G. (como le llaman los amigos que se inventa o que dice tener). En el piso más alto, con nadie más por vecino aparte de las palomas, los lagartijos y los mosquitos es que tiene su “loft de soltero” (según sus propias palabras). Llegar a tal “loft” es complicado como mínimo, con los años ha ido adquiriendo habilidades inútiles de escalada que espera poder aplicar en algún futuro, por ejemplo, si se mudase a algún lugar como Chalco, Brasilia, Bagdad o cualquier otra gran urbe.

6:10 Pato tiene su café en mano, ya que sin él simplemente “no podría funcionar”, “el día no empieza hasta que mi primer taza de café está en el tanque”- dice mientras señala su barriga Godínez.

6:25 ya está bañado, vestido y peinándose su abundante cabello (mismo que perderá dentro de unos 3 o 4 años, justo antes de llegar a los 30). Mientras se peina se escucha el suave zumbido de la resistencia que reside en la tostadora, pues están en camino sus reglamentarias dos rebanadas de pan integral (eso sí, una alimentación sana ante todo). El café yace cómodo, caliente y ansioso de ser bebido en la jarra de cristal sucio que hace mucho debió lavarse pero que se conforma con enjuagarse de vez en vez.

6:30, con mermelada en el cuchillo, los panes en un plato, la segunda taza de café ya servida y un huevo hervido, Pato se sienta en su mesa/desayunador/escritorio/burro de planchar dispuesto a devorar tan coqueto (y monótono) desayuno. Hinca el diente sin pena y se devora todo en menos de 10 minutos, pues ya pasan de las 6:30 y el tiempo apremia. Si no se apura lo más seguro es que todo su día se retrase a tal grado que pierda su identidad antes del anochecer.

6:45 Está listo, maletín, traje de diario, zapatos lustrados, cabello impecable, sonrisa cafeína y estómago satisfecho. Corre mientras baja “las escaleras”. Corre para llegar a la parada de bus. Corre el bus.

7:10 el autobús se detiene por el tráfico de la mañana. Se puede ver desde la ventana de Pato una fila larguísima de autos con señoras, señoritas, caballeros, damitas… Todos con la misma mirada perdida de resignación. Uno que otro con la energía para maldecir a quien pase por su mente, otros ilusos tienen una sonrisa, pues van pensando que el día será excelente a pesar de este pequeño contratiempo.

7:40 El trágico tráfico al fin se comienza a mover, y junto con él, los intestinos de Pato. Le atacan unas ganas locas de ir al baño, pero está en el bus y no le queda más remedio que apretar. Cuando llega a su trabajo (por ahí de las 7:52 según su reloj), corre a checar entrada y directo al baño, donde se topa con una fila que sufrió lo mismo que él durante su trayecto a la oficina. Pasados no más de 10 minutos, podemos ver a Pato con una cara de alivio que pocas cosas brindan en esta vida.

11:15 Pato se toma 15 minutos para salir a fumar, estirar las piernas y despejar la mente. Su mañana podría decirse que va bien, es jueves y casi termina la semana. Da un jalón al cigarrillo que tiene encendido. Se ve viajando el sábado por la mañana a algún lugar relajante, como un parque cerca de su casa. -Debes pensar más grande- se dice. Otro jalón al cigarrillo. Ve una pradera, un río, una montaña, el mar. Todo se condensa en su mente en un mismo lugar. Ofuscado decide darle a sus pensamientos un nuevo enfoque. Tal vez una salida cultural, algún museo, una expo, cine de arte quizás… Pero de inmediato recuerda que no le gusta, no lo entiende y para ser sincero, no le interesa. Enciende otro cigarrillo, pues se perdió en el pensamiento y se acabó el que tenía en mano. 11:30 Hora de volver al trabajo.

13:00 Salida para almorzar. Pato viene preparado, aunque trae un billetito de 50 en el bolsillo de su camisa, pero prefiere comer un pambazo que le ofrece una compañera de buenas piernas y falda corta. Mientras saborea lo que sea que tenga el pambazo, se imagina a su compañera en horas no hábiles, en lugares no decentes y haciendo cosas que es mejor no mencionar pero que todos nos esperamos de la mente de un hombre (como pintando grafiti o recitando poesía a policías).

17:00 Hora de salida del trabajo… Pato sale.

18:00 Patricio llega a su casa, cansado pero feliz, pues falta sólo un día para que acabe la semana y haga algo emocionante de su fin de semana, como quedarse a ver series por internet, lavar ropa, organizar su clóset o probablemente dormir siesta después del almuerzo.

22:00 hora de prepararse para dormir.

Patricio Godínez se despierta a las 5:59 sin falta, el despertador lo tiene por pura costumbre, y la costumbre es tal que le gana por un minuto para no tener que escuchar sus alaridos…

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