#TodosSomosUV

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Todos Somos UV - xalapo.com

Yo no soy una persona con espíritu combativo. Soy de las que si en el restaurant no le trajeron lo que pidió, se queda callada en vez de armar osos, porque pues, qué oso andar armando osos. Más bien sucede que soy algo introvertida y en realidad nunca he pensado que el conflicto sea la solución de nada, creo más bien que aunque es [un mal] necesario, puede ser siempre menos escandaloso de lo que muchas personas prefieren. Y como también me traiciona la deformación profesional, donde me enseñaron que antes de emitir cualquier juicio debo tener el contexto de las situaciones y conocer el mayor número de versiones posibles de la historia para después formar mi criterio, entonces resulto siempre un raro bicho pasivo que espera un buen rato antes de emitir palabra alguna sobre determinados aconteceres del día al día, o al menos así es mi proceder en las bonitas e iracundas prácticas que últimamente se han vuelto deporte en las redes sociales cuando algo sucede: criticar por criticar, enérgica y apresuradamente, sólo porque es lo políticamente correcto, porque agarrar partido sobre cualquier situación es sin duda lo de hoy.YoEstoyConUV

Si acaso ustedes son seguidores míos lo sabrán: no es que no me involucre en la vida moderna, pero yo prefiero subir una imagen de Miffy o Hello Kitty antes de llenar mi muro o timeline de conjuras o maldiciones. No me juzguen mal, que mi proceder corresponde a lo que Christine Yano describe como la cultura de lo Cute-Cool a través de objetos felices, códigos culturales muy particulares como figuras inanimadas “lindas”, sin una expresión facial en particular (más bien neutras), que no sólo existen en el mercado para fomentar una cultura Girly o especial para niñitas, sino como una expresión simbólica en la que muchos adultos nos volcamos casi obsesivamente en una especie de protesta pasiva contra los horrores del mundo en el que vivimos. Si no me creen, vayan a Amazon y busquen Pink Globalization. Hello Kitty trek across the Pacific, que ahí está la explicación de todo. Pero mi punto no era ese, sino que en las últimas fechas mi comportamiento virtual se vio drásticamente modificado por una causa que, sin duda, tenía que tocarme alguna fibra sensible. Las HelloKittys que suelo publicar le cedieron su lugar a notas, videos y galerías de fotos con el HT #TodosSomosUV.

Mi historia con la Universidad Veracruzana es posiblemente la de muchos veracruzanos, y particularmente xalapeños (o xalapos, ya que andamos por estos rumbos): aunque mis estudios de licenciatura no los hice en esta destacada institución, los azares de la vida me llevaron a tocar sus puertas en octubre del año 2009, cuando comencé a trabajar como becaria en el recién creado Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación, lugar que un par de años después me dio la oportunidad de ser parte de la primera generación de estudiantes que cursaron su posgrado que, por cierto, ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Después de la beca y el título regresé a la nómina universitaria un año más, hasta que la incertidumbre de los pagos y las recontrataciones que llegaron con la nueva administración me hicieron tomar la decisión de cambiar de aires. Quienes laboran bajo el título de “eventual” sabrán de qué les hablo.#TodosSomosUV - xalapo.com

Independientemente de todo, reconozco que la Universidad Veracruzana ha sido para mi más que un centro laboral o de conocimientos, porque he disfrutado de la música que sus grupos musicales nos regalan en cada concierto o expresión pública desde hace 26 años que llegué a vivir aquí; porque tengo el placer de conocer artistas egresados de su facultad de Teatro que lo dan todo en un escenario; porque tengo amigos y conocidos que han comido toda su vida gracias al servicio de sus padres y familiares en esta institución; porque como lo decía una increíble foto, hasta los veterinarios que atienden a mis perros fueron formados en la UV. Porque cuando vienen visitas los llevamos de manera obligada a conocer la zona Universitaria, los Lagos o la sala de conciertos; por todos los eventos deportivos, incluidos los partidos de los Halcones, que tan felices me han hecho; por todas esas conversaciones tan gratas y aleccionadoras que vienen tras acudir a una conferencia o panel convocado por la institución; por los libros leídos que se publicaron bajo el sello de su editorial; por los burócratas, servidores públicos, empleados y empleadores que nos sirven y atienden todos los días; por la gente interesante, generadora de conocimiento que ahí labora, con la que uno se topa felizmente en el camino. Razones para entender que la Universidad Veracruzana es parte inherente de la vida en Xalapa (particularmente) hay muchas. Y no, no todo con ella ha sido bueno. La situación escolar y burocrática no siempre ameritan buenos comentarios, las huelgas de sus sindicatos, la grilla, las generaciones de alumnos cuyos títulos de esta casa de estudios no son bien vistos en otros lados. Claroscuros por doquier. Pero insisto, de que es parte de la vida cotidiana de nuestro estado, lo es. De que es parte indispensable de nuestra bella capital hace más de 70 años, lo es.

Motivada por tales razones, el 26 de febrero decidí salir a marchar por primera (y posiblemente única) vez en mi vida. Motivada por la única causa que al parecer ha podido convocar a toda una comunidad llena, per se, de diferencias. Motivada porque muchas cosas las conocí y viví de cerca, y porque, aunque con muchas otras causas me he solidarizado, ésta causa particularmente generó en mi otro tipo de pasiones. Motivada, como muchos más, por la convicción de que la educación pública debe ser respetada, pero sobre todo, de que las personas que ahí trabajan y estudian no tienen la culpa de asuntos que le competen únicamente a los gobernantes. Motivada por una primera marcha, la del día anterior, decidí tener fe y confiar en que la causa de la educación y la cultura permitirían tener una manifestación que respetara al ciudadano, sin desmanes ni sobresaltos, pero a la vez rodeada de la energía necesaria para pedir lo que yo, como miles de personas, creemos justo.Todos Somos UV - xalapo.com

Esa mañana me uní al contingente de mi ex centro de trabajo y estudios desde la Avenida Ávila Camacho, después de esperar un buen rato por los que venían de Economía y haciendo tiempo compartiendo alegremente el espacio con los músicos de la Orquesta de Música Popular. Puros buenos cuates. Confieso que estaba emocionada, nerviosa, un poco temerosa de que en cualquier momento se pusiera fea la cosa y tuviera que salir corriendo como la niñita que soy, pero con el corazón latiendo a mil por hora por el acontecimiento tan simbólico que estaba por vivir. Cuando empezaron a llegar las oleadas de hombres y mujeres, jóvenes y no tanto, que entonaban cantos y porras a favor de la UV, no pude más que quedar sorprendida… ¡era demasiada gente! ¡Y todos en orden! ¡Y todos respetando a los chicos que daban algunas instrucciones! ¡Y todos con la misma consigna! ¡Y nadie con la boca tapada o el rostro cubierto, tal como lo habían pedido en las redes sociales! Pero lo mejor fue iniciar mi recorrido cerca de autos que tocaban el claxon en señal de apoyo, mirando a aquellos que desde sus casas o trabajos dejaban a la vista un cartel, cartulina u hoja mostrando su apoyo a la comunidad. Al llegar al Viaducto, vía por la cuál llegaríamos al punto de encuentro con los demás contingentes, la piel se me enchinó cuando las voces de todos sonaban al unísono haciendo eco, aunque la emoción se relajó cuando, ya llegando a la calle Enríquez, varios drones merodearon muy cerca de nuestras cabezas. La burra no era arisca, y por muy útil que sea la tecnología, en situaciones como éstas no se alcanza a dimensionar muy bien cuál sería la utilidad de esos pequeños artefactos ni con qué fines rondaban tan a ras del suelo.

Llegamos a la Plaza Lerdo al son de los acordes de la Bamba y su más reciente estrofa: “Yo no soy marinero soy de la UV, soy de la UV, soy de la UV”, que desde el día anterior había provocado aplausos y gritos de emoción entre los manifestantes. Llegamos para escuchar a los miembros de la ORTEUV (Compañía Titular de Teatro de la UV) hacer una lectura de un fragmento de “Estridentópolis”, obra inspirada en los acontecimientos que se vivieron en esta capital a principios del siglo XX, con la llegada de los poetas y su idea de fundar el movimiento Estridentista en estas tierras. Llegamos, el contingente y yo, para ser testigos de algo que trascendió todo espíritu combativo: el encuentro entre personas que tienen en la Universidad Veracruzana un único punto en común. Gente que se saludaba con cariño, gente sorprendida de encontrarse en aquel escenario, gente que se abrazaba y entonaba a una misma voz alguna de las pegajosas frases que se generaban desde el micrófono. Gente con pancartas, con playeras, con imágenes, con ánimos de cambio. Gente con hartazgo, con incredulidad por la situación a la que se ha llegado, gente que simplemente no se explica lo que está pasando, que no da crédito de la insensibilidad de las autoridades, gente que busca, para ellos y los suyos, un futuro mejor. Eso fue lo que yo vi y, sinceramente, no puedo tener un mejor recuerdo de la primera y única vez que he salido a manifestarme en toda mi vida.

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Fuente: Notimexpr / Todos Somos UV

Desafortunadamente para mí en esta segunda convocatoria no estuvo el maravilloso coro universitario entonando ópera como lo había hecho el día anterior, y tuve que esperar hasta ver por redes sociales los ecos de la tercera e histórica marcha del 10 de marzo para entender los alcances de una verbena popular ambulante, con música de mariachi, arpas y bailes sustituyendo a las consignas comunes. Desafortunadamente para mi la hoy histórica marcha del 10 de marzo, convocada por las máximas autoridades de la casa de estudios, fue vivida gracias a las aportaciones de fotos y videos de los asistentes que, en minutos, se hacían virales; gracias a la cobertura de los medios que sí entendieron la magnitud de los hechos; gracias a todos aquellos que generosamente y desde sus redes sociales compartieron un pedacito de lucha común. El himno nacional, las valientes palabras de la líder moral de este movimiento, las porras, los gritos, la civilidad. La energía que traspasaba las pantallas, la intención de que la educación y la cultura sigan siendo lo que son y dando la vida que le dan a nuestro estado. Todo aquello a lo que los medios oficiales, por obvias pero a estas alturas incomprensibles razones, no le dedicaron mas allá de 3 minutos al aire, destacando que en Veracruz hay libertad de expresión y que lo único que pudo haber puesto en peligro la marcha era el clima lluvioso. Cada quien vio lo que quiso.

Con estos tres acontecimientos y de manera extraordinaria, mi incurable obsesión por postear HelloKittys y conejitos felices fue intercambiada por videos, galerías de fotos y notas de periódicos referentes al tema de la Universidad Veracruzana. Por un momento la realidad que tanto gozo evadir ocupó un espacio en mi muro y timeline. Y es que, más allá de todo, yo también le debo mucho a la UV. Yo también fui y soy parte de la UV. Y es que yo, como muchos otros, he dejado un pedacito de mi vida en esta institución. Yo, como muchos otros puedo decir con orgullo que #TodosSomosUV.  

(Ojalá la continuación de esta historia siga siendo feliz, la gente siga unida por una causa, que esto no se quede únicamente como un pegajoso hashtag y que las autoridades muestren menos cinismo ante el tema. Toda una comunidad lo agradecerá en demasía. Seguiremos informando).

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