La Universidad Veracruzana y la Estridentópolis

0
192

La Universidad Veracruzana y la Estridentópolis


Irresponsabilidad y serias omisiones

Para conmemorar los 70 años de la fundación de la Universidad Veracruzana, calificada como la mejor universidad en el sureste de México y considerada entre las veinte mejores de la nación según varios rankings, la editorial de dicha institución publicó “Universidad Veracruzana, 70 años: una iconografía”, proyecto que, editado por Alberto Tovalín Ahumada y Édgar García Valencia, nos lleva de la mano por un recorrido iconográfico desde la fundación de la Universidad hasta la creación de la sala Tlaqná y otros recientes hitos. El contexto a estas series de imágenes es proporcionado por la pluma de la rectora Sara Ladrón de Guevara y otros miembros de la Universidad que han formado, desde las aulas o las oficinas administrativas, a varias generaciones de universitarios, como Esther Hernández Palacios, Raciel Damón Martínez, José Luis Martínez, Carmen Blázquez Domínguez, Ricardo Corzo Ramírez y José Manuel Velasco Toro, entre otros.

De los ocho ensayos contenidos en este libro encuentro destacable, por su rigor y sus omisiones, el texto de Octavio Ochoa Contreras y Luz Angélica Gutiérrez Bonilla, “Los espacios de la Universidad Veracruzana: una lectura histórica”, que además de revisar las condiciones de posibilidad necesarias para la creación de una universidad en el estado de Veracruz (históricas, jurídicas, económicas y burocráticas), como las adiciones a la Constitución Política de Veracruz y la creación del Departamento Universitario del gobierno de Veracruz, nos guía por cada uno de los espacios que desde el 11 de septiembre de 1944 han dependido directa o indirectamente de la Universidad Veracruzana.

Este ensayo es bastante ilustrativo y se encuentra repleto de datos duros e importantes1, sin embargo me despierta una pregunta que a primera vista podría parecer impertinente: ¿por qué no se mencionó a Heriberto Jara Corona y ese intento de crear una Universidad Veracruzana en 1924?

A lo largo del texto encontramos los nombres de toda clase de personas que contribuyeron a la construcción de la Universidad: políticos, gobernadores, presidentes, docentes, rectores, vicerrectores, alumnos y personas de buena voluntad. Sabemos que una de las principales labores del historiador, amateur o profesional, es la discriminación: hay que seleccionar con mucho cuidado los documentos y acontecimientos que tomaremos como fuente documental, para que el texto no crezca desmedidamente, para que el tema no se escape de nuestras manos. Pero en este texto, y el resto del libro, me parece que hay omisiones serias, y hasta escandalosas, de nombres y lugares (y no me refiero a ridículos profesores de importación colombiana que, ofendidos por no ser incluidos en este libro, en nombre o fotografía, amenazaron con renunciar y no cumplieron) que es necesario señalar.

Me concentraré sólo en una debido a que no hay una beca del CONACYT de por medio que me aliente a ir más allá y me urge regresar a la redacción de mis cuentos y ensayos literarios.

Octavio A. Ochoa y Luz Angélica Gutiérrez Bonilla señalan que la inquietud por formar una universidad en territorio veracruzano se remonta hasta el siglo XIX aunque haya sido planteada, por primera vez, en 1917 en la Constitución Política del Estado de Veracruz.

Si bien ese año no se concretó la construcción de la universidad, sí se iniciaron esfuerzos legislativos para dar forma al proyecto, entiéndase: se inicia una lucha para definir la función política de la Universidad: si estará al servicio de los trabajadores o de la industria, si será de izquierda o de derecha, si dependerá directamente del Estado o no.

El texto salta desde allí hasta 1944, 27 años después, cuando la Universidad nace formalmente y el gobernador Jorge Cerdán declara a Xalapa como la residencia oficial de la Universidad Veracruzana, a la vez que gobierno del estado cede a la recién nacida universidad bienes muebles e inmuebles en Xalapa, Córdoba, Orizaba, Veracruz, Talcotalpan, Alvarado, Coatzacoalcos, Minatitlán, Cosamaloapan y Tuxpan.

Antes de Cerdán no mencionan por su nombre la figura de ningún gobernador ni legislatura. Se entiende que sea Cerdán quien se lleva el crédito por la creación de la universidad en tanto que fue bajo su mandato que se concretó la creación de la Universidad Veracruzana, sin embargo, saltar del 1917 a 1944 es harto irresponsable, pues no se mencionan los esfuerzos realizados entre 1924 y 1927 para hacer realidad la existencia, en medio de una de las más grandes crisis que ha vivido el estado, de una universidad en territorio veracruzano.

Jara, el estridentismo y el sueño de una universidad

Remontémonos al primero de diciembre de 1924. Heriberto Jara Corona, que cuenta con el respaldo de los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, es electo gobernador de Veracruz. Recibe un estado a punto de la quiebra y en el umbral de una recesión que haría declinar la extracción y producción petrolera mientras la movilización campesina impactaba negativamente en la producción agrícola (que no era el único problema en los campos veracruzanos, donde también se vivía el saqueo y el abandono de tierras). Traicionados por los vientos de cambios, los xalapeños padecerían en 1925 una elevada tasa de desempleo provocada por la introducción de nuevas tecnologías en algunas industrias. El fantasma delahuertista mantenía fuerte presencia en el estado y ya había creado tensiones al interior la clase político-militar; el gobierno federal no estaba cumpliendo con sus deberes financieros para con Veracruz y las compañías petroleras no reconocían su jurisdicción, por lo que se negaban a pagarle impuestos; la clase trabajadora y sus sindicatos, cuando no estaban atacándose entre ellos, hacían frente común en contra del gobierno del estado por su limitado apoyo a las asociaciones obreras; se vivía una crisis de vivienda aderezada con interrupciones constantes en servicios públicos (como agua y alumbrado público) a manera de proptesta por parte de los trabajadores. El general Jara Corona recibe más que un estado, una bomba de tiempo.

Uno esperaría que ante una situación así de delicada la administración pública se comportara con mesura y se ocupara más de sobrevivir y remendar que de iniciar proyectos ambiciosos que necesitan más que planeación de un salto de fe, pero Jara Corona estaba encandilado con la modernidad y al poco tiempo de tomar el poder convoca a Manuel Maples Arce para ser su secretario de gobierno y, como Fitzcarraldo en medio de las altas montañas, proyecta una serie de obras que mejorarán las condiciones del estado y convertirán a Xalapa en una metrópolis estridentista: 35 carreteras que mejorarían la interconexión entre los municipios, hospitales de especialidades, urbanización de las ciudades, construcción de conjuntos arquitectónicos para la cultura y el deporte, una Universidad Veracruzana con una sede estilo dórico, presas, estaciones de radio, escuelas y, finalmente, Ciudad Jardín: 30 hectáreas a espaldas del estadio Xalapeño en donde el 25% de la extensión total sería destinado para parques y jardines, el 32% para calzadas de 15 metros de ancho y el 52% para vivienda y un hotel que contaría con 11 departamentos para familias, 57 departamentos de primera categoría, 56 de segunda, salones de baile, biblioteca, billares y un comedor común con capacidad para 100 comensales2.

Para 1927 estas obras, a pesar de la resistencia de la Junta de Mejoras de Xalapa (recordemos que la relación entre el municipio de Xalapa y el Jara Corona era tensa: mientras que el gobernador aspiraba a la renovación de la capital del estado, su municipio sólo aspiraba a la construcción de una plaza de toros3)

Para el año siguiente, hablamos de 1927, ya se iniciaban, en la colina cercana al estadio Heriberto Jara Corona (lo que hoy en día conocemos como Zona UV) los trabajos preliminares para la construcción de la Universidad Veracruzana (no sé, que Ochoa y Gutiérrez Bonilla me corrijan, pero me parece que esto además de ser anterior a 1944 y posterior a 1917, suena a que podría ser relevante para la historia de la Universidad). Se tenían proyectados seis prados frente a la pérgola, un edificio central estilo dórico, similar al Partenón circundado con 66 columnas, dóricas también, 80 aulas con capacidad para 40 alumnos y hasta 10 facultades con sus direcciones, cubículos y sanitarios independientes. En el mismo edificio se planeaba un teatro con capacidad para 1000 asistentes y un par de anexos para gimnasio y alberca de primer nivel para que los universitarios se ejercitaran.

Junto a la Universidad o, mejor dicho, haciendo juego con ésta y el estado Heriberto Jara Corona (conocido ahora como estadio Xalapeño, del que ya hablé en otro texto, conocido por ser uno de los primeros en América Latina en ser construidos enteramente de concreto) estaría Ciudad Jardín, un completo arquitectónico de 30 hectáreas destinadas a casas habitación, parques, jardines y calzadas anchas bordeados de naranjas en cuyo centro estaría el Hotel de Ciudad Jardín. Este magnífico conjunto de una obra de alta ingeiuería que pondría “de relieve el estado de cultura de la ciudad, colocándola a la vez a la altura de las principales capitales del mundo civilizado”4.

Todas estas obras, proyectadas en el territorio conocido ahora como Zona UV, formarían el corazón de Estridentópolis, el proyecto de una ciudad vanguardista que sería posible gracias a la convergencia de la visión renovadora de Heriberto Jara Corona y el brío de Maples Arce y los estridentistas. Maridaje que no fue tan bien visto por varios sectores de la sociedad xalapaña como, por ejemplo, la junta de mejoras municipal, a la que, como mencionamos antes, sólo le interesaba la construcción de una plaza de toros, o las cámaras empresariales, que se resistían a pagar impuestos. Pero si algo escandalizó a los conservadores xalapeños fue la política cultural del general Jara Corona que, por supuesto, no era otra que la doctrina estridentista: el exterminio de las formas tradicionales de concebir el arte, la participación en la renovación del panorama intelectual mundial desde lo local y la creación de una metrópolis de vanguardia, faro de luz para la posteridad, en donde se realizaría la verdad estridentista. Está de más mencionarlo: esa Universidad Veracruzana pensada entre 1924 y 1927 estaría en el corazón de este proyecto.

La construcción de Estridentópolis, incluso su mera existencia como proyecto, significaba el triunfo de los estridentistas, el primer paso para realizar en el espíritu las revoluciones de las que se sabían herederos (en lo local, de la mexicana, en lo global, de los movimientos de vanguardia).

Si en la Ciudad de México estos jóvenes poetas habían causado indignación y el escándalo entre los totoles académicos, en la provincia Xalapeña, en donde el romanticismo y protomodernismo de Salvador Díaz Mirón se había vuelto canon, el escándalo estridentista se multiplicó por cinco, por diez, por quince; pronto la resistencia se haría notar desde el Círculo de Artistas Jalapeños y los altos mandos de la educación superior, que hacían base en el Colegio Preparatorio; una resistencia amplia, temperamental y con plumas bien afiladas pero nada curtidas en el combate que de poco a nada podían hacer ante un auto bajando por las escalinatas de la catedral tripulado por el fuego juvenil y el respaldo del gobernador: el estridentismo era doctrina oficial y los ríos de tinta de los viejos eunucos no los iban a detener. O al menos eso creyeron: el descontento y conformismo de las élites veracruzanas y, sobre todo, xalapeñas, resistiéndose siempre al cambio radical propuesto por Jara y los estridentistas, así como la molestia de la ciudadanía en general, que veía la idea de convertir a Xalapa en una Ciudad de Vanguardia un pasatiempo para privilegiados cuando Xalapa atravesaba crisis diversas (¿mencioné que, por ejemplo, que para principios de 1925 en la caja de tesorería había sólo 3.18 pesos? ¿o qué la Cámara de Comercio castigaba al gobierno por el aumento de organizaciones laborales no haciendo válidos los vles que éste expedía? ¿o que para abril de 1927 en el ayuntamiento de Xalapa no había suficiente dinero para pagar a los burócratas?A esto hay que sumarle los inconvenientes internos del proyecto de gobierno de Heriberto Jara (falta de presupuesto y aceptación de la sociedad xalapeña de un proyecto que pretendía maquinizar e hipermodernizar a un pueblo en el que, si bien ya contaba con un gran parque vehicular, todavía circulaban trenes de mulitas y el caballo aún era signo de altivez y alta cuna), la situación económica (a pesar de que México se había contagiado un poco de ese ánimo de los felices años veinte, en el mundo se empezaba a vislumbrar ese martes negro de 1929) y su condición política (ni sindicatos, asociaciones campesinas o cámaras de comercia apoyaban al régimen jarista) entorpecieron este proyecto que terminó con un cuartelazo promovido por el entonces secretario de gobernación de Plutarco Elías Calles: Adalberto Tejeda.

De la noche a la mañana, el sueño de Estridentópolis se esfumó. El estridentismo había sido herido de muerte y, mientras agonizaba, en la capital, esa a la que esperaban regresar como triunfantes caudillos, la revista Contemporáneos empezaba a circular. De lo que pudo ser la Universidad y los ambiciosos planes de Heriberto Jara Corona sólo nos quedan planes y descripciones en los distintos archivos que podemos encontrar en la ciudad. Del paso de Maples Arce por la ciudad sólo queda un parque escondido entre bares y un hotel de mala muerte.

Sabemos que en esta clase de historias, como la recogida en “Universidad Veracruzana, 70 años”, siempre tan panfletarias, no hay lugar para los fracasos y los fracasados. Así es la propaganda. Pero, por lo menos, una mención a Heriberto Jara y Maples Arce hubiera sido un buen detalle para recordar que en algún momento alguien pensó que la Universidad Veracruzana más que proveer de mano de obra barata y especializada aspiró a algo más.

Esta omisión es escandalosa, sí, pero tampoco debería sorprendernos: cualquiera que haya estudiado en la Universidad Veracruzana sabe que muy seguido uno tiene que corregir la plana de sus académicos.

1 Como que la Universidad desde su creación ha estado descentralizada, característica que en su primer periodo de crecimiento (de 1944 a 1968) le permitió una expansión geográfica y un incremento exponencial en su número de sedes y en su oferta educativa, creando así una red estatal de escuelas de educación técnica, secundaria, de bachilleres (públicos y privados e incorporados), ubicados en ciudades medianas y pequeñas de la entidad, así como colegios de educación profesional. Una segunda época de expansión de la UV, previa a la de posicionamiento (entre 1983 y 1996) y a la de su autonomía en 1997, la ubican los autores entre 1969 y 1983, cuando de la mano del Estado, La Subsecretaría de Educación Superior e Investigación Científica (SESIC) y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), las Universidades se enfocaron más en ampliar y reforzar su oferta académica y menos su territorio, teniendo como resultado un aumento en los lugares ofertados por estas instituciones; como resultado de esto, afirman los autores, para 1975 la UV absorbía el 95% de la demanda de educación superior del estado, contando con una matricula que oscilaba los 51,000 alumnos.

2 Heriberto Jara: “Informe que rinde el Ejecutivo del Estado ante la XXX Legislatura, el 5 de mayo de 1926”, en Estado de Veracruz. Informes de sus Gobernadores, 1826-1986, Tomo XI.

3 Vale la pena revisar las Actas de Cabildo del municipio de Xalapa entre 1924 y 1927, en donde las acusaciones de arbitrariedad por parte de Gobierno del Estado no escasean.

4 Heriberto Jara Op cit.

Comentarios

comentarios