¿Y sirve de algo un diputado?

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Como vivir en Xalapa


Mi ciudad ha sido tomada por asalto por hordas de militantes, simpatizantes y, los más, de acarreados de todos los candidatos que, casi con desesperación, buscan ocupar una curul en el Congreso para “representarnos desinteresadamente”.

Hay actos de campaña por doquier y de todos los colores, y los candidatos sudan la gota gorda (literalmente) buscando convencer, in situ, al votante. Éste, sin embargo, las más de las veces acude al borlote por una de estas cosas: el souvenir (que anda muy escaso porque las campañas son austeras) o por la despensa. De lo importante, que debería de ser lo que el aspirante a diputado propone, sus planes de trabajo o lo que piensa hacer si llega a la curul, nadie se acuerda. Y nadie lo hace porque la política se ha abaratado de tal manera que el votante cree que un diputado no sirve para nada, y quien llega a serlo no hace nada para cambiar esa percepción.

Empezando desde que andan en campaña, en donde prometen lo que no está dentro del ámbito de su competencia, hasta su actuar en la Cámara en donde, si acaso, nomás van a ver por sus intereses, políticos, económicos, etcétera, los diputados son entes alejados del pueblo; pueblo que, por cierto, piensa que un diputado nomás va a calentar la silla por tres años y a estirar la mano para que le den dinero.

De una manera bastante desafortunada el ciudadano promedio vive pensando que lo que un diputado debe proporcionarle son satisfactores inmediatos: servicios públicos, ayuda para alimentación, salud, educación, etcétera, y no satisfactores a largo plazo, como serían leyes que garantizaran mejores salarios, mejores escuelas, hospitales suficientes, etcétera.

Así entonces, y dada la proclividad del político mexicano a la demagogia, el candidato que busca una curul antes que prometer lo que mero ni él mismo sabe que debe de hacer, se inclina por ofrecer cosas que nunca va a cumplir, no porque no tenga, dándole el beneficio de la duda, ganas de hacerlo, si no porque nomás no va a poder.

Pavimentar una calle, demanda muy de rutina durante los procesos electorales, requiere que se tenga acceso de manera directa al presupuesto para asignar la obra; y aunque dándole más vueltas al asunto sí es posible, mediante programas de apoyo al distrito que representa, lograr la pavimentación de una calle, un diputado se debe a tareas más intangibles que cien metros de concreto hidráulico en una calle, pero con mucho, más beneficiosas para un mayor número de ciudadanos, como sería lograr leyes más justas, reformas que castiguen el saqueo, el desvío de recursos, el tráfico de influencias, o penas más severas para los delincuentes.

El asunto de la inutilidad de un diputado se manifiesta claramente en la propuesta de desaparecer a los representantes plurinominales, 200 según sé. Es decir, existe la creencia generalizada de que podemos reducir en un 40 % la cantidad de diputados federales y aún así el país seguiría caminando como si nada, cuando no hasta mejor.

Nunca como ahora se había visto una animadversión tan grande hacia los políticos, y nunca como ahora éstos habían hecho tanto para darle la razón a los que los aborrecen; por tanto pareciera que la única manera de que la ciudadanía cambie de parecer con respecto a quienes la gobiernan y la “representan”, es que el mismo político dignifique su profesión.

Porque resulta de risa que, por ejemplo, la candidata de cierto partido cuyo nombre no quiero mencionar, pero que es tricolor, diga, como promesa de campaña, que hará todo lo que esté a su alcance para mejorar la movilidad urbana de Xalapa, pero cuando fue alcaldesa todo el tiempo evadió el tema dejando que se agravara, y hasta que empeorara a grados superlativos.

En fin, la política hoy en día pareciera ser cosa de niños, no por fácil, sino porque los políticos insisten en tratarnos como infantes y, nosotros, insistimos como sociedad en comportarnos como unos párvulos a los que es muy fácil engatusar. A todos nos urge madurar, por lo que se ve.

 

 

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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