Ya vienen los vendedores de ilusiones

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Promesas de candidatos - xalapo.com

Mi ciudad es ya un hervidero político en el que muchas voces, acordes a los tiempos que corren, lanzan sentidas arengas electorales. Los rojos, los verdes, los azules, los amarillos y hasta los descoloridos quieren convencer al electorado de que sus propuestas son las mejores, de que sus fórmulas son mágicas y de que, si vota por alguno de ellos, todos sus problemas se solucionarán.

Y ahí vienen ya, con sus espejitos de ilusiones queriendo cambiarlos por el oro de nuestros votos. Otra vez con su retahíla de promesas vanas, con sus miles de proposiciones increíbles y con sus caras de mesías reencarnados a tratar, como siempre, de sorprendernos, de enjaretarnos sus proyectos políticos, mismos que, mañosamente, nomás les benefician a ellos mismos.

Porque díganme ustedes, estimados lectores, ¿qué les dejó el chirinismo, el alemanismo, el fidelismo o ahora, el duartismo? Del paso de uno a otro de esos que le dieron con su nombre el patronímico a su sexenio sólo nos han quedado miles de millones de pesos de deuda, y unos cuantos nuevos ricos en cada periodo, eso sí. Cada uno superó al otro en malos manejos, en negocios personales, en prebendas facciosas, en privilegios para unos cuantos y sin que la justicia los haya alcanzado, sin que la condena a unos cuantos años de cárcel, cuando menos, los haya descarrilado de sus comodinas vidas.

Hoy vienen rostros conocidos, y otros no tanto, a decirnos que ahora sí se nos hará justicia, que limpiarán la casa y que pondrán orden. ¡Ja! Puras promesas, porque llegarán al poder y no harán sino cubrir las huellas de lo sucedido, quizá agarrando a uno que otro chivo expiatorio, metiendo a la cárcel a uno que otro funcionario menor, pero sin recuperar los millonarios capitales malversados, robados a ojos vistos, saqueados con la más absoluta y vil de las impunidades y, lo que es peor, presumidos en revistas del “corazón”, en las redes sociales y en la manera insultante en que viven aquellos que los robaron.

Qué habremos de hacer los veracruzanos sino emitir, quizá, un voto de castigo a quienes hoy aún siguen escamoteando hasta el sagrado salario a miles de trabajadores que cada quincena nomás no lo ven llegar. Porque esto tiene que cambiar ya, debemos romper con este estado de indolencia que les ha permitido a unos cuantos robar las riquezas de Veracruz y tenemos que despertar, pero no de una manera visceral y vengativa únicamente, sino con un elevado espíritu cívico y ciudadano, en el que también nos hagamos responsables de lo que decidamos exigiendo cuentas todos los días. Ya es hora de quitarse de la cabeza eso de que la política es nomás para los políticos de carrera. A todos nos debe interesar lo que pasa en esos ámbitos, pues es nuestro futuro y el de nuestras familias el que se juega en los escritorios de quienes nos gobiernan. Un ciudadano enterado, atento y crítico, hace mucho más por su ciudad, por su estado y por su país, que mil indolentes de la política que nomás siguen el cencerro que le tocan.

Dejar la política en manos de los políticos, como hasta ahora hemos hecho, nomás nos ha traído desgracias y penurias, ya es hora de cambiar de estrategia, y eso sólo se logra siendo críticos del sistema, participativos de los procesos democráticos y siendo exigentes del desempeño de aquellos en los que hemos depositado nuestro voto. No hay de otra.

 

Alejandro Hernández y Hernández

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