Yo automóvil

Como Vivir en Xalapa

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Como Vivir en Xalapa

Por: Alejandro Hernández


Mi ciudad está tan llena de autosque sería el lugar ideal para desarrollar una película o una novela de ciencia ficción —al estilo de Isaac Asimov—, en donde los protagonistas, en lugar de robots serían, precisamente, los automóviles.

Y es que estos aparatos, que se inventaron y desarrollaron para que el hombre moderno se trasladara de un lugar a otro con comodidad y pudiera, a su vez, transportar mercancías y satisfactores que le hicieran desarrollar una mejor calidad de vida, ahora parecen haberse adueñado de los espacios vitales, no sólo en nuestra ciudad, sino en todas las del mundo.

Sin saber cómo, los núcleos urbanos se han ido transformando en base a lo que estos aparatos necesitan. Es decir: se trazan calles y avenidas pensando en que puedan circular con rapidez y sin obstáculos. Nunca en la gente que tiene que caminar por ellas.

Se hacen obras de infraestructura costosísima: puentes, viaductos, pasos a desnivel y hasta calles de dos pisos comprometiendo el espacio urbano, el medio ambiente y la salud de las personas.

Se gasta mucho dinero para desarrollar autos tecnológicamente muy evolucionados y sofisticados. Tal vez más de lo que se gasta en desarrollar una vacuna o en la aplicación de la medicina preventiva, en los países de economías emergentes.

Se promueve una cultura del automóvil que incluye museos, exhibiciones, competencias, colecciones y hasta formas contraculturales en base a él. Se sataniza y combaten prácticas como el tabaquismo y otras adicciones arguyendo las muertes que causan, pero se alienta la construcción de autos cada vez más veloces y nunca se evidencian los muertos en accidentes automovilísticos, que en el siglo XX sumaron casi treinta millones (sólo diez menos que en la Segunda Guerra Mundial).

Se crea una jerarquización en base a la posesión de uno o varios automóviles, siendo mejor aceptado y con un estatus social más alto, quien posea el más nuevo, el más caro o el más rápido de ellos. Y se promueve, mediante costosas campañas publicitarias, una falsa imagen social en donde el poseedor de determinado auto tendrá también: poder, dinero, atracción para el sexo opuesto, rango social y hasta alcanzará ciertas condiciones subjetivas como belleza, juventud, cultura y salud.

Nuestra ciudad, por supuesto, no se escapa a todo esto pues como en tierra fértil, todas las falsas acepciones que un automóvil tiene —alejadas, además, del simple hecho de transportarse de un lado a otro— germinan en nuestra sociedad, logrando que Xalapa exhiba en las estadísticas nacionales, la mayor densidad de automóviles por metro cuadrado de todo el país. Con todo los problemas que ello conlleva, pues es la nuestra la ciudad con más contaminación en el aire de todo el estado; por encima de ciudades industrializadas como Minatitlán y Coatzacoalcos, por ejemplo. Así mismo, los problemas de circulación vial son de grado superlativo, los de estacionamiento casi insalvables y ambos, son detonantes de graves problemas emocionales para los que aquí vivimos.

Y es que contrario a lo que sucede en el libro “Yo robot”, en donde los robots se regían por directrices que no les permitían atentar contra el ser humano, hoy en día la supremacía del automóvil, impulsada por nuestras propias autoridades, sí parece atentar en contra de éste, pues en lo que respecta a la equidad del uso de las calles y espacios públicos, en el nuevo Reglamento de Tránsito del Estado de Veracruz el peatón es criminalizado, haciéndose acreedor de multas y sanciones por caminar en el arroyo vial y no en las banquetas (como si todas las banquetas, de Xalapa, por poner un ejemplo de desniveles intransitables para personas con alguna discapacidad motriz o ancianos) pudieran ser fáciles de caminar, entre otras estupideces que sabrá Dios a quién se le ocurrieron, como que niños y ancianos y gente con alguna discapacidad obligadamente tengan que salir con una persona que los cuide, como si la autosuficiencia de las personas con esas características no fuera razón suficiente para hacer uso de las calles libremente, tal y como lo consigna nuestra Constitución.

En columnas próximas estaremos haciendo un análisis de los desatinos con que se regirá el, ya no tan, libre andar de las personas en las calles de Veracruz con tal de que el automóvil, ser mecánico y omnipotente, pueda seguir circulando raudo y sin “estorbos” a sus anchas.

 

Alejandro Hernández Hdez.

 Comentarios o sugerencias: motardxal@gmail.com

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